Trabajo y Familia


“Tener un lugar a donde ir, se llama hogar. Tener personas a quienes amar, se llama familia, y tener ambas se llama bendición”, papa Francisco.

• Hace algunos días, mi colega y amigo Carlos Buchanan me compartía sus reflexiones respecto a la inclusión del concepto “familia” en las corporaciones. ¿Son realmente entidades sociales similares? ¿Qué competencias requerimos para vivirlas a plenitud?

• Para el papa Francisco, una familia es un grupo de personas repletas de defectos que unió el Ser Supremo para que convivan con sus diferencias y compartan virtudes y valores que los conduzcan a lograr metas comunes. Para la Real Academia Española, la empresa es una ‘‘asociación de personas regulada por un conjunto de normas en función de determinados fines’’.

• Ambas entidades son sistemas “abiertos” que deben interactuar con otros en el exterior; son sistemas sociales cuya dinámica interna depende de las relaciones interpersonales de sus integrantes.

En suma, la familia y la empresa son las dos redes sociales más significativas para el ser humano, y a ellas les dedicamos un porcentaje muy importante de nuestra existencia.

• En el trabajo y la familia los responsables deberemos ser capaces de “atraer” a los más aptos y de retenerlos, ofreciéndoles un ambiente y cultura que maximice sus intereses y potencialidades.

De igual forma, ambos recintos son escenarios idóneos de superación para solidificar los multicitados pilares vitales: aprender a conocer, a ser, a hacer y a convivir.

• El ambiente laboral y el entorno familiar nos ofrecen la oportunidad de desarrollar nuestros talentos; la responsabilidad de fortalecer nuestra capacidad de entregarnos y servir a otros. El trabajo y la familia ofrecen ambos una retribución, una manera de obtener objetos funcionales y substanciales, por lo que un equilibrio y justicia en la forma de recompensar y reconocer son parte fundamental de su gestión social.

• Los individuos somos el centro, origen y fin de ambas instituciones: la persona humana es y debe considerarse como protagonista, no tan sólo un miembro o un factor más, por demás importante, para el logro de los objetivos colectivos.

• La persona en el contexto familiar y laboral debe, por lo menos, considerarse un ser superior más allá que la agregación de sus habilidades y talentos; el portador y rector de su propia existencia, a partir del autoconocimiento, el autodominio y la autogestión, con capacidad de ser libre, feliz y pleno.

• Finalmente, existe además una poderosa relación simbiótica entre una y otra arena: la persona sin contención familiar no ostenta alto desempeño laboral; las crisis en el trabajo fácilmente irrumpen en el contexto familiar.

•¿Contamos con las competencias para vivir y asumir esta realidad durante el 2018?


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