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Aprendiendo de la historia

El cónsul estaba cumpliendo tres años de gobernar a los súbditos de aquella provincia al norte de la antigua Roma. Para honrar el hecho de que la república democrática estaba naciendo en el imperio romano, heredada de los griegos, sería el primero de su estirpe en someterse a la voluntad popular para saber si seguía en el poder o lo cedía a otro que el pópolo dijera.

El emperador Harrius 1º El Último, porque con él se acabó la dinastía de la que formaba parte, había dispuesto que todos los gobernaban las posesiones del imperio se sometieran a esa práctica democrática concebida en Grecia.

Gesù era un ciudadano de aquella provincia del norte, que había servido al Senado romano y ahora le estaba saliendo al paso al cónsul, disputándole inusitadamente el poder. No era propiamente parte de una estirpe como la del gobernante imperial, descendía de familias que cultivaban trigo a las que les iba bien.

Durante toda la historia previa a este suceso que hoy les platico, los cónsules y el senatus no eran elegidos por el voto popular, sino por el emperador en turno y por los censores, que eran los magistrados de la antigua Roma encargados de formar el censo de la ciudad y velar sobre las costumbres y comportamientos de los ciudadanos.  

Sería aquella la primera vez que la reelección del cónsul fuera puesta a la voluntad de los ciudadanos, actuando como árbitros de tal proceso, los censores que ejercían esta función en aquella provincia o civita norteña, de hermosas montañas, por cierto.

De presentarse alguna inconformidad con el resultado de las votaciones, que los censores norteños no pudieran dirimir, existía una última instancia a la cual se apelaría para resolver en definitiva el tema: el sacrosanto cuerpo de magistrados romanos, que fungían como tales en la capital del imperio.

Sucedió entonces que, en las votaciones del pópolo, Gesù le ganó al cónsul por escaso margen, y los censores norteños lo declararon triunfador.

Sin embargo, alentados por el emperador Harrius 1º El Último, quien a pesar de la naciente democracia heredada de los griegos se negaba a perder esa estratégica provincia, las huestes del cónsul y éste en persona impugnaron la elección ante los censores norteños.

Entonces, contra lo que se esperaba y sorprendiendo a su adversario, Gesù, después de ganar las elecciones en el primer round, no movió un dedo para defenderse en ese momento y optó por perder el segundo, dejando que los censores locales cambiaran su veredicto inicial, para preservarle el poder al cónsul. 

Tal estrategia le había sido sugerida por los súbditos de una sometida provincia situada al oriente del imperio. Se llamaba Judea.

Habían acumulado basta experiencia lidiando durante varias vidas contra el sometimiento al que habían sido objeto por cuanto conquistador se asomaba a sus tierras. Preservaron su especie y sus costumbres gracias al uso de "inteligencia", por encima de la "fuerza". "Conquistados, más no sometidos", decían sus escritos transmitidos de generación en generación.

Gesù supo de ellos y se puso en sus manos.

La estrategia consistió en ceder ante los censores norteños y concentrarse en los magistrados que, tarde o temprano, recibirían en la capital de Roma los "expedientes" de las elecciones de aquella provincia norteña.

Sugirieron a Gesù que perdiera el segundo round, para concentrarse en ganar el tercero y definitivo.

Al fin y al cabo, si los censores norteños ratificaban en la segunda instancia su triunfo, de todas maneras el cónsul apelaría para llevar por su cuenta el caso a los magistrados de Roma.

Los judíos se metieron literalmente en las entrañas de los magistrados romanos, conociendo todo de ellos en el corto plazo que se abrió entre la segunda y la tercera instancia. Movieron así el escenario de esa lucha de la provincia norteña a la capital de Roma.

Con la información obtenida, pusieron en manos de Gesù un plan de acción, cuyos resultados están consignados en la historia de lo que fue el primer experimento democrático de los romanos, hace más de 2,000 años. 

Solo tres cosas le pidieron sus "asesores" a él: decisión, decisión y decisión.

CAJÓN DE SASTRE

"¿De qué, de quiénes y de cuándo estás hablando?", preguntó la mordaz e irónica de mi Gaby.

E irreverente como es, ella misma se respondió: "Si tenemos la historia para aprender confortablemente, ¿por qué algunos escogen la ruta de los fregadazos?".

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