Un espejo cercano


“El pasado no registrado no es más que nuestro viejo amigo, ese árbol del bosque remoto que cayó sin ser oído”, Bárbara Tuchman.

• Existe una línea fina entre el sano manejo de los hechos y experiencias pasadas y la endeble necesidad de recurrir a lo que ya sucedió para justificar nuestro presente y predestinar el futuro.  De esta manera, dado que el presente es lo “único que es” y el futuro “todavía no ha sido”, los individuos tendemos a sobrevalorar el pasado.

• Sin embargo, el pasado “positivo” no sólo importa, sino que le da forma a nuestros recuerdos, interpretando, codificando y dando significado a nuestras emociones. Alfred Adler afirma que nuestro primer recuerdo es una ventana hacia el resto de nuestra vida. Si ese recuerdo es vago, confuso, incompleto, subjetivo o falso, no afecta: presumiblemente los individuos forjamos nuestras vidas basados en nuestras remembranzas. Por esta razón, para este psicólogo austriaco es importante que manipulemos nuestros recuerdos basados en lo que queremos que suceda en el presente; lo que queremos hacer, sentir, valorar y pensar aquí y ahora. ¿Podemos instalar en nuestra mente sucesos que nunca ocurrieron, de acuerdo a nuestra memoria inalterada?

Phil Zimbardo argumenta que, a pesar de que no podemos cambiar el pasado, sí es posible “reconstruirlo” modificando nuestras actitudes hacia el mismo: es más, no sólo es posible, sino que es indispensable para la mayoría de nosotros. Es imperativo que, una vez que identifiquemos aquellos eventos que fueron fuente de humillación, culpabilidad, tristeza, vergüenza y temor, tengamos la fortaleza de ubicarlos en su realidad: ya sucedieron y no tienen por qué determinar lo que será de nuestra vida. Recordar, reinterpretar y olvidar selectivamente no es una falta de respeto a nuestra vida pasada y a los que nos acompañaron en el camino; es más bien asegurarnos que podemos controlar nuestro pasado, y evitar que lo ocurrido nos controle a nosotros.

• En Un Espejo Lejano, Barbara W. Tuchman, nos ofrece un retrato vívido de la Europa Occidental en el Siglo XIV, época sacudida por la Peste Negra y la Guerra de los Cien Años, cuando los Jinetes de Apocalipsis cabalgaron ostentosos mostrando lo peor de la naturaleza humana. ¿Queremos reflejarnos en toda esa miseria? La escritora, como una oportunidad de elegir, también nos ofrece el lado agraciado de la humanidad entretejido en la trama de la historia: el amor, la amistad, la valentía, la bondad, la esperanza, la belleza del alma humana. En una perspectiva más cercana, no dudemos en elegir la imagen del espejo que deseamos, aunque la brecha entre el ideal y lo real se antoje demasiado amplia.





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