Un mundo raro


Sin duda alguna que tanto usted, estimado lector, como el que esto escribe, somos habitantes, como diría José Alfredo, de un mundo raro, donde nos ha tocado coincidir en esta parte de nuestras vidas en un gran país, que así como nos ha obsequiado la belleza y la inmensa riqueza de su naturaleza, también nos ha acompañado de las dificultades naturales y políticas que han venido en su destino.

Y hasta cierto punto, estas dificultades son de alguna forma justificadas con lógica de la naturaleza humana, pues la fortuna y riqueza que nos ha dado el territorio atrae a los depredadores, y lo hace desde hace tiempo, en una distancia histórica desde épocas de la conquista, pasando por el movimiento independentista que libera el territorio y todo lo que había en él, del yugo de la colonia tras 11 años de lucha en el año 1821.

Superado lo anterior, en 1848, tras la guerra Estados Unidos-México, nuestra nación se queda sin poco más de la mitad de su territorio a la firma del tratado Guadalupe Hidalgo. Posteriormente, hacia 1862, tras la suspensión de pagos a la deuda decretada por el presidente Juárez, los franceses pretendieron cobrarse a “lo chino” queriendo establecer en nuestro territorio una monarquía soportada por sus tropas que, luego de la batalla de Puebla, replegaron vencidos, disminuidos aunque no perdidos, sino hasta que Maximiliano de Habsburgo fue derrotado y capturado en 1867.

Posteriormente, tras el movimiento revolucionario y el reacomodo de fuerzas pasado por las armas, el naciente partido oficial se autorrecetó 71 años de poder que, orillado por el hartazgo popular, tuvo que compartir por dos sexenios con el antagónico protagonista partido opositor que se deslumbró a las primeras de cambio perdiendo el piso de sus objetivos.

Mientras esto ocurre, y para darle mayor apariencia a la “fiesta” electoral, “la democracia mexicana”, debido a la poca oferta y la gran demanda de poder (y todos sus beneficios), con la habilidad e ingenio mexicanos, tomó forma en una especie de Frankenstein mal remendado que ha permitido el surgimiento de una gran cantidad de partidos políticos hechos a la justa medida del solicitante, que, curiosamente, han sido emanados con las cajas destempladas del todopoderoso y longevo partido.

Partidos para el magisterio, cuando su función es la de educar; para los ecologistas, que no saben de ecología; para los ciudadanos, que son oportunistas; para los trabajadores, que no laboran; para los necios, que quieren “regenerar” degenerado; para los sin partido y para los que no necesitan de uno, pero que tampoco tienen mamá... son algunas de las malformaciones surgidas de los experimentos en el “laboratorio democrático” del país.

Y aunque suene irónico, no debía de extrañarnos que el “oportunismo político” debido al “éxito” recientemente mostrado por la unidad y solidaridad ciudadana tras el sismo, surja un nuevo partido invocando a algunos de los atributos mostrados por la sociedad, en referencia al 19 de septiembre.

Lo curioso es que sea cual fuere el color de los ahora partidos existentes, a falta de extensión de territorios que ceder, todos los que se han podido colocar en el poder en cualquier nivel y sin distingo, han encontrado sobre de él la mayor veta de riqueza que, como “cuerno de la abundancia”, ha surgido de la población a través de sus instituciones, paraestatales, impuestos, concesiones, permisos, multas, contratos, créditos, operaciones e información privilegiada, y cualquier tipo de argucia que, como prebendas, puede ser negociada a cambio de mexicanísimo “moche”.

Sin duda alguna, es el poder económico el que ha estado tras el poder político en nuestra nación, por ello, los altos niveles en el fenómeno de la corrupción se pasean como parte de nuestra cultura en cualquier nivel de autoridad; desde una multa, una licitación, una concesión o un permiso de operación.

En la actualidad, atravesamos por el momento cumbre del misterio en donde, tras bambalinas, los institucionales de cada partido (con excepción de Morena), se dan hasta con la cubeta al elaborar su pócima en una sopita de letras para obtener del perolito mágico el nombre de su abanderado para la próxima contienda electoral.

Triste es que salga lo que salga de cada partido, alianza, coalición o movimiento independiente, todos sin excepción, ninguno da el kilo de la honestidad en su justificación por la búsqueda del poder. En Nuevo León el hartazgo hartó a la sociedad entera que depositó su confianza en otro que, maestro inconmensurable de la mentira, defraudó cínicamente las expectativas que por sí mismo fueron planteadas.

Y ante las pobres expectativas futuras que se cocinan, en una democracia donde el más popular –aunque rebuzne– se pone por encima del más capaz, siendo optimistas ante la pasividad que en este menester la sociedad ha demostrado y que al parecer necesita de un terremoto para poder actuar, no nos queda otra más que aceptar que somos habitantes, como dijo José Alfredo, de un mundo raro.

Y por tanto, estimado lector, mientras sigamos así, no nos queda otra más que cantar: “Y si quieren saber de mi pasado / es preciso decir otra mentira / les diré que llegué de un mundo raro / que no sé del dolor / que triunfé en el amor / y que nunca he llorado...”.

Por hoy es todo, amable lector. Medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy sea para usted un reparador domingo. Nos leemos el próximo viernes “Por los Senderos Taurinos”; nos vemos esa misma noche en la plaza de toros y aquí mismo, dentro de ocho días.




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