OpiniónMonterrey
Más del autor

El Círculo Mercantil, una gloriosa historia

A los amigos que he conocido

¿Cuánto tiempo irá a aguantar TC tales desfiguros e incongruencias?

El financiamiento público en política

Consolidemos nuestros hábitos de comportamiento positivos

Plurinominales al banquillo

El mito del neoliberalismo en México

Un nuevo sistema educativo


Oiga, Don Ramón, ¿qué diferencias existen entre una universidad de calidad y una de las llamadas universidades patito?, me preguntó un colega de la Ciudad de México, vía Internet. 

Le tengo que confesar, estimado lector, que pasaron por mi mente diferencias en infraestructura, en laboratorios, en grados académicos de los profesores, en las computadoras, en las bibliotecas, en los sistemas de Internet que tienen. Pero poco a poco empecé a eliminar estos factores para concentrarme en dos de ellos. 

Sobre todo, al recordar las diferentes condiciones que existían entre la escuela rural federal en la que estudié mi primaria en San Antonio de las Alazanas y las condiciones del Tecnológico de Monterrey, institución en la que estudié y trabajé por 40 años.

Para mí existen dos factores por los que una universidad puede llegar a ser una universidad de calidad. El primero está relacionado con la calidad de los alumnos que admite y, el segundo, por sus profesores que saben su materia y que la saben enseñar: la calidad de su profesorado.

El atraer y retener excelentes alumnos es indispensable para tener una buena universidad, pero para ser una excelente universidad, de acuerdo a los esquemas actuales de operación, es necesario tener alumnos y profesores excelentes, así como programas educativos útiles para la vida y el trabajo de sus estudiantes. Desde luego que el ambiente y las actividades extraescolares también son importantes: deporte, simposios, exposiciones. 

A ver si le entendí, Don Ramón, me responde mi colega, eso quiere decir que quien hace la diferencia entre una excelente universidad y una de las llamadas universidades patito es la calidad de los alumnos que admite. Así es, le respondí, las escuelas más prestigiadas en el mundo tienen procesos de admisión muy rigurosos, sólo admiten a los más inteligentes, a los más capaces, a los de mejores promedios en los estudios anteriores. Como ven, el verdadero problema en esas universidades no es graduarse, sino en el ser admitido.

Efectivamente, el que es buen gallo donde quiera canta, aunque tengo que admitir que en las escuelas excelentes les enseñan a cantar mejor, a tener más confianza en ellos mismos, pero primero se tiene que ser un buen gallo. 

¿Entonces qué pasa con los que no son tan buenos gallos? Esos muchachos que no son admitidos en las mejores escuelas públicas y particulares, pues ahí es donde aparecen las universidades a quienes malamente se les etiqueta como universidades patito, pues a ellas les llegan preponderantemente los muchachos que no fueron admitidos en las escuelas etiquetadas como de calidad. 

¿Qué cree usted que pasaría con las llamadas universidades de calidad si tuviesen que admitir a todos los alumnos que soliciten admisión, sean listos o no, sean capaces o no, y quienes después de ene oportunidades logren "graduarse" o que sin graduarse digan: Yo estudie en, y aquí puede poner el nombre de la universidad a quien usted considere que es la mejor en México o en el mundo?, pues rápidamente empezarían a decir, la calidad de la universidad bajó de una manera extraordinaria, se ha vuelto una universidad patito.   

Pero, entonces, ¿qué opciones tenemos?, se preguntará usted. Una opción es tener lo que en Estados Unidos llaman Community Colleges, en los cuales se ofrecen cursos de educación general, educación técnica, muy similar a la que se ofrece en los centros de capacitación para el trabajo en nuestro país. De esa manera pueden trabajar de inmediato.  

En estos colegios comunitarios la intención es ofrecer educación a toda la comunidad en la cual están instalados. Estos colegios comunitarios admiten a casi todos los estudiantes que cumplen con los requisitos básicos que se tienen y ofrecen una amplia gama de opciones, de capacitación para el trabajo, a un costo relativamente bajo comparado con el costo de las universidades. En nuestro país, los centros de capacitación para el trabajo cobran una cuota realmente muy baja, pero lo más importante es que en cuatro meses le cambian la vida a sus alumnos. 


Volver arriba