Un programa caro, simbólico e inútil


Todo lo que las autoridades estatales han proyectado para controlar a los taxis no ha funcionado. Lo curioso es que creen que sí han cambiado los hábitos del gremio. Mínimo, lo suponen.

Días atrás dábamos cuenta desde este Vigía que la ola de delitos donde se han visto involucrados los taxis se ha potenciado en fechas recientes, cuando en teoría tendrían que haber disminuido con las nuevas medidas.  

Al menos, una decena de casos de violencia y robos se han registrado en las últimas dos semanas, lo que sugiere ser algo inusual. Ni en la peor época de inseguridad en el área metropolitana hubo tantos taxis al servicio de la delincuencia.

Lo que todavía no está claro es cuál de todos los programas es el “bueno” o si todos son parte del mismo. La Agencia Estatal de Transporte (AET) hace desde enero de 2016 que viene vendiendo su plan “ambicioso” para poner en cintura a los taxistas, pero cuando menos, se la ha pasado relanzando la misma idea sin frutos.

Primero fue el programa “Taxi Seguro”, presentado hace 22 meses atrás y que suponía ser único en su tipo en Latinoamérica. Si acaso Nueva York y Londres tienen algo parecido, según nos ilustró la agencia.

Si algo valioso tienen las actuales autoridades es el altísimo nivel de autoestima. Y quizás ello sea el motivo de que se les nuble la vista y estén convencidos de que todo lo que proponen, no sólo funciona, sino que es mejor.

Pero no es así. Lo del “Taxi Seguro” fue un simbolismo. Recordemos que el plan consistía en identificar por color a los coches de alquiler dependiendo del municipio de procedencia, además de otros detalles con los que contarían las unidades para ofrecer “garantías” a los usuarios.

Sin embargo, el arranque del programa, cuya inversión inicial fue fijada en $20 millones de pesos, fue aplazado un par de veces por cuestiones de “logística”.

Hasta octubre de 2016 se sabía que, si acaso, 100 unidades de las 32,000 que hay en la calle habían sido acondicionadas como “ejemplo”.

De hecho, en eso mismo mes de octubre la AET hizo un relanzamiento de la idea. Anunció el Programa de Identidad Cromática y de Seguridad, con una inversión de $26 millones de pesos. Es de suponer que esta iniciativa es una versión remasterizada de “Taxi Seguro” y es la que vale.

De todos modos ya ha pasado un año de este último evento y no hay noticias de algún cambio.

Según la medida, los taxis hoy deberían portar calcas oficiales con características de color, clave de sector, siglas del municipio al que corresponden y número de placas en cajuela y puertas laterales delanteras, de manera que sea sencilla su identificación.

Aún es fecha en que toda esta movida no se ha cristalizado, pese a la inversión desmedida, y pese a ignorar otras opciones más baratas para cumplir con la misma función.

A la luz de cómo está enfrentado intestinalmente el gremio y los vicios delincuenciales que se refuerzan, la iniciativa “multicolor” es una apuesta sin certezas. No sólo depende de los taxis, sino también del compromiso sostenido de las autoridades que, al parecer, no tienen.

De hecho, en enero se cumplirán dos años desde que a las autoridades se les ocurrió hacer algo para “educar” a los taxis. Pasó el tiempo, se ha divagado, soñado y prometido mucho, pero lo que nunca hubo fue claridad y convicción.

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