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"No sacrifiquemos a nuestra familia y a nuestras relaciones por la búsqueda de cosas materiales, los teléfonos inteligentes están aquí para hacer nuestras vidas más fáciles, pero no para controlarnos y hacernos adictos y antisociales. No es demasiado tarde para volver a una auténtica vida familiar. de vuelta a los viejos tiempos cuando no teníamos Internet ni juegos de computadora", de BL del mundo.

Recibí un excelente video en el que se muestra a una maestra que estaba revisando las tareas de sus alumnos mientras su esposo estaba usando su teléfono celular en un juego electrónico que le gustaba mucho. En eso la maestra se pone a llorar ante la lectura de un mensaje de uno de sus alumnos. Ante la pregunta de "¿por qué lloras?", la maestra procede a leerle el mensaje de su alumno:

"Mis padres adoran sus teléfonos inteligentes, se preocupan tanto por sus teléfonos inteligentes que a veces se olvidan de ocuparse de mí. Cuando mi padre llega a casa cansado del trabajo, tiene tiempo para su teléfono pero no para mí. Cuando mis padres están haciendo un trabajo importante y sus teléfonos suenan atienden la llamada de inmediato, pero no me atienden a mí, incluso cuando estoy llorando. Juegan con sus teléfonos pero no conmigo.

Cuando están hablando con alguien en sus teléfonos nunca me escuchan, incluso si les estoy diciendo algo importante. Así que mi deseo es convertirme en un teléfono inteligente".

Este mensaje me recordó una historia que conté hace tiempo en la cual un hijo pide volverse un televisor con el argumento siguiente: Lo quiero hacer "para poder vivir lo que vive el televisor de mi casa. Para tener un cuarto especial para mí. Para congregar a todos los miembros de la familia a mi alrededor. Para ser el centro de atención al que todos quieren escuchar, sin ser interrumpido ni cuestionado. Para que me tomen en serio cuando hablo. Para sentir el cuidado especial que recibe la televisión cuando algo no le funciona. Para tener la compañía de mi papá cuando llega a casa aunque esté cansado del trabajo. Para que mi mamá me busque cuando esté sola y aburrida, en lugar de ignorarme. Para que mis hermanos se peleen por estar conmigo. Para divertirlos a todos, aunque a veces no les diga nada. Para vivir la sensación de que lo dejen todo para pasar unos momentos a mi lado. Señor, no te pido mucho, todo esto lo vive cualquier televisor".

Pero regresando al mensaje de la maestra con su esposo, resulta nos dice la historia, que después de esta lectura el marido también empezó a llorar, ¿quien escribió esto?, preguntó en voz baja, la maestra alzó la mirada y le dijo: "Nuestro hijo". El mensaje termina con una recomendación importante: "Deja ese teléfono por un rato.

Conversa con tus hijos, con tu cónyuge o con tus amigos. Sé un buen ejemplo para tus hijos. Hagas lo que hagas, ellos también lo harán. Habla con las personas que amas y asegúrate de que se sientan amadas. Y tú también puedes recibir amor de ellos". A esta recomendación finalmente se nos hace la siguiente pregunta: ¿Puede tu teléfono brindarte amor?

Pero curiosamente, estimado lector, los vicios se propagan y ahora vemos que el deseo del alumno se debe de refrasear: "Mis hijos adoran sus teléfonos inteligentes, se preocupan tanto por sus teléfonos inteligentes que a veces se olvidan de ocuparse de mí. Cuando mis hijos llegan a casa se dan tiempo para su teléfono (computadora o ipad) pero no para mí. Cuando mis hijos están haciendo sus tareas y sus teléfonos suenan, atienden la llamada de inmediato, pero no me atienden a mí, incluso cuando les estoy hablando. Juegan con sus teléfonos pero no conmigo. Cuando están hablando con alguien en sus teléfonos nunca me escuchan, incluso si les estoy diciendo algo importante. Así que mi deseo es convertirme en un teléfono inteligente".

Para que eso no ocurra debemos de promover: "Dejar ese teléfono por un rato. Conversa con tus hijos. Sé un buen ejemplo para tus hijos, pues hagas lo que hagas, ellos también lo harán".

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