Una máquina de escribir


Democracia y ciudadanía están conectadas como las redes sociales a sus usuarios. 

Venezuela en los 70. Era navidad. El niño de 12 años abre su regalo: dentro de la maleta de plástico color gris estaba una máquina de escribir manual portátil Olivetti Lettera. Era idéntica a la que usaba en la escuela dos veces por semana para aprender mecanografía. Repetía las letras A S D F con los dedos de la mano izquierda, Ñ L K J con los de la derecha, memorizó las teclas. "Así que empecé a escribir", cuenta Fernando M. Reimers, "y no he parado desde entonces".

Reimers no es poeta, pero escribe libros y artículos sobre la relación entre educación y política, sobre ciudadanía democrática, sobre espíritu empresarial social. Una oportunidad lo llevó a estudiar en la Universidad de Harvard y ahí se quedó, desparramando movimientos educativos por el mundo. A través de los egresados del Programa de Política Educativa Internacional en la Escuela de Posgrado se transforma gran parte de la educación en el mundo. En México, Armando Estrada, Mariali Cárdenas y Emanuel Garza, sus alumnos, fundaron Vía Educación hace 13 años. 

La semana pasada el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) entregó las calificaciones de la prueba Planea. Reprobados en matemáticas y lectura. Y así continuamos en este círculo de pobreza y desigualdad económica conectado con la desigualdad de oportunidades en la educación. "En México", escribe Mariali Cárdenas (Developing Pedagogical and Democratic Citizenship Competencies, 2017), "el 43% de la población entre 15 y 64 años tiene un retraso educativo porque no saben leer o escribir (7%), también porque no tienen la oportunidad de terminar primaria o secundaria (29%), o porque lo que han aprendido en 12 años (6 de cada 10) no es suficiente para dominar habilidades matemáticas o de lectura". 

La democracia necesita ciudadanos que puedan mejorar sus circunstancias personales, pero sin ignorar (o aplastar) las necesidades de los demás. El individualismo competitivo no genera ambientes escolares libres de violencia, ni entrena sociedades de paz. Lo sabemos. Junto con lectura y matemáticas, se necesita ética y ciudadanía. 

En el estudio del ICCS (Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana), México ocupó el lugar 19 de 21 países revisados en el 2009, y el lugar 10, en el 2017. No en todas las pruebas salimos reprobados. Las escuelas trabajan contrarrestando el bullying y los estudiantes perciben un ambiente más abierto para tratar temas sociales o políticos. 

Vía Educación colabora en el diseño del Currículo Nacional de Educación Cívica y Ética de la Reforma Educativa, así como el de Desarrollo Socioemocional. Una propuesta es el Programa "Aprender Participando". Aprender haciendo. Al mejorar o solucionar algo que la escuela necesite, se aprenden competencias. La metodología es disruptiva. Los alumnos detectan una necesidad, –el ambiente escolar, una cancha, bebederos, tutorías– cada proyecto es diferente porque viene de su realidad. ¿Qué hace falta? Siguen los debates que entrenan su capacidad para comunicarse. ¡Baños!, necesitamos que los baños funcionen. ¿Qué puedo hacer? Pues a juntar latas y vender galletas, conseguir apoyos económicos, ayudarle al plomero en el recreo. Así se realizan las tareas y se logra ese doble beneficio, el personal y el comunitario.

Los maestros se capacitan para ser facilitadores. No hay necesidad de hacer planas definiendo valores; el servicio, el respeto, la tolerancia se aprenden participando, también se aprende de lingüística, resolución de problemas y trabajo en equipo. El logro no está en la remodelación de los baños, sino en lo aprendido, ahora saben que pueden ser agentes de cambio social, pueden enorgullecerse de ese sentimiento de autoeficacia, ese sí puedo, que tanto necesitamos los mexicanos. 

El programa ha llegado a más de 700 profesores en las escuelas públicas de Nuevo León, Chiapas, Durango, Jalisco, Ciudad de México, Chihuahua, Guanajuato, San Luis Potosí y Guerrero impactando a más de 17,000 estudiantes. Hay resistencia al cambio y las condiciones son adversas para muchos niños, pero ahí está su potencial esperando una máquina de escribir.  


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