Una ´sensación´ que inquieta


 "La gente no se siente segura por más policías que haya en la calle, por una sencilla razón: los delincuentes saben que robar se les hace fácil y que, de ir presos, pronto podrían volver a sus andanzas".

Si bien los municipios del área metropolitana de Monterrey se han preocupado por incrementar ostensiblemente el personal y el equipamiento destinado para la seguridad, por alguna causa perdura la percepción de que la gente no se siente segura.

La lucha de los alcaldes para atender este rubro es evidente. Las cifras revelan la adquisición de patrullas, cámaras, botones de pánico, armas y el incremento en el número de personal policiaco capacitado para combatir los delitos.

Sin embargo, la gente sigue sintiendo que en cualquier momento puede ser víctima de un robo a mano armada en la calle, en casa-habitación o a sus bienes. ¿En qué se falla?

Expertos en seguridad consultados por El Horizonte proponen que los mandos policiacos deberían salir más a la calle para conocer de primera mano las necesidades de la población y ya acabar con la contratación de elementos "al vapor", ya que éstos se entrenan y luego pueden convertirse en delincuentes. 

Pero también es evidente que no existen tantos elementos para proteger todas las colonias de la gigantesca área metropolitana y este factor abona a que siempre haya zonas grises, sin resguardo de un uniformado o una patrulla para desalentar la comisión de un delito.

El asalto a transeúnte, en las unidades transporte colectivo, a negocio o a casa-habitación y el robo de auto continúan siendo rubros explotables para la delincuencia. 

Ningún comerciante se va a exponer a perder la vida ante un asaltante que ni siquiera usa una pistola para amedrentarlo y obligarlo a que entregue la venta del día. Les basta un picahielo o un desarmador para obtener su botín.

Pero en la lucha para poner orden no solo tendrían que participar los municipios. El estado tiene absoluta responsabilidad de contribuir a darle tranquilidad a la ciudadanía y si lo está intentando a través de Fuerza Civil, no parece.

Nada más en 2017, de acuerdo con cifras del mismo gobierno del estado, se revelaban robos reportados ante Ministerio Público que rebasaban los 4,200 sucesos.

Para el mes de abril de este 2018 ya iban 1,246 reportados, y estamos hablando solo de los que llegan como denuncia ante el Ministerio Público, lo que significa que esas cifras seguramente podría multiplicarse por 10 veces más, que no son documentados en una denuncia formal ante la autoridad judicial investigadora.

Si a eso añadimos la incapacidad –por falta de personal o cualquiera que sea la causa— para dar seguimiento a las denuncias, tendría que afrontar el denunciante la laxitud del Código Penal estatal donde la flagrancia es el elemento angular para configurar el delito.

Si no, cualquier hijo de vecina –en el remoto caso de que lo atraparan– puede volver a la calle ante la imposibilidad de que un denunciante pueda probar y comprobar que el delincuente cometió el ilícito contra su persona.

Por eso y nada más por eso, piensa este Vigía que la gente no se siente segura, por más policías que haya en la calle.


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