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Hoy nos detenemos a contemplar la figura de Juan Bautista. Un personaje interesante e incómodo para muchos. Un personaje que hablaba con la verdad y con fuerza. Un personaje apreciado y rechazado a la vez. Juan Bautista fue el precursor. La voz en el desierto, la voz en la conciencia, la voz en el corazón de muchos hombres. Esta es la misión del precursor, ser el hombre que va delante del Señor, que prepara sus caminos y que anuncia el gran don que es el perdón de los pecados. Lo que hace grande a Juan es que la misión que Dios le propone, y que él la lleva a cabo. El nacimiento de Juan Bautista fue motivo de inmensa alegría para toda la humanidad, ya que iba a anunciar la llegada del Mesías, del Salvador del mundo.

Circunstancias y signos extraordinarios acompañan el nacimiento de este niño. Por eso los vecinos decían asombrados: ¿Qué llegará a ser este niño? ¿No se ve la mano del Señor en él? Se dieron cuenta de que Dios había planeado algo singular para él, después de tantos signos. La vocación del Bautista es una vocación especial, estamos ante una excepcional vocación de Dios: Dios lo ha llamado a ser su instrumento escogido. Escribe el profeta Isaías: "El Señor me llamó desde el vientre de mi madre, desde las entrañas maternas pronunció mi nombre. Desde el seno materno me formó para que fuera su servidor".

Algunos aspectos interesantes que nos ayudan a entender el mensaje de Juan:

Respuesta del llamado. Una vocación divina sólo puede cumplirse, si el instrumento humano acepta plenamente el llamado. En Juan Bautista encontramos varias virtudes que son siempre de actualidad para todo seguidor del Señor. Especialmente la generosidad y la disposición de lanzarse a cosas grandes que realmente valen la pena. Muy importante escuchar la conciencia, para poder escuchar a Dios, poder escuchar lo que nos conviene y no sólo lo que nos gusta.

Su austeridad de vida, su espíritu de sacrificio. Renuncia a una vida normal. Acepta un camino lleno de renuncias y sacrificios. Los Evangelios recalcan que llevaba un vestido de pelo de camello y su alimento consistía en langostas y miel silvestre: no bebe ni vino ni licor. El vivir con un sano desprendimiento de las cosas, nos libera de nosotros mismos, de las modas y de la cultura esclavizante. Juan está dispuesto a llevar una vida sumamente austera, difícil e incómoda para poder cumplir su misión divina.

Su humildad. Podía pasar por mesías o profeta, pero él afirma que no es más que la voz que clama en el desierto, y que con relación al Mesías no es digno siquiera de desatarle las correas de sus sandalias. Y cuando Cristo ya está presente le cede sus discípulos y afirma: "conviene que Él crezca y que yo disminuya". Sabe, pues, ponerse humildemente en segundo plano, desaparecer, para que resalte la presencia del Señor.

Su valentía. Frente a los poderosos de su tiempo: jefes religiosos y políticos. Su valentía en anunciar la verdad y en denunciar las injusticias. Se manifiesta, por ejemplo, cuando dice a los fariseos que van a verlo: "Raza de víboras, ¿acaso podrán escapar del castigo que se os viene encima?". Y al rey Herodes reprende públicamente por el escándalo de tener por esposa a la mujer de su hermano. Esta denuncia le costará más tarde incluso la vida. No le tiembla la voz en gritar las injusticias y hacer ver que la corrupción aparta al hombre de Dios. El corazón corrupto por el pecado, la ambición y la lujuria no tiene lugar en el corazón del Dios.

Su inflexibilidad. Es también puesta de relieve por Cristo: "¿Qué salieron a ver al desierto: una caña agitada por el viento?" Por eso, mereció el mayor elogio de Jesús: "Es un profeta, y mucho más que un profeta. Entre los nacidos de mujer, no ha surgido uno mayor que Juan el Bautista". Todos tenemos vocación de profetas. La gente tiene que ver en nosotros un profeta anunciador de la verdad. La gente no puede salir a ver a un charlatan, un cuentero, sino un profeta inflexible con pecado y generoso en la misericordia. El profeta no es un populista, el profeta es un hombre de Dios. Alguien que habla con Dios y habla de Dios a los hombres.

Su mensaje y misión: insistencia en la conversión. Si Dios llama, es para confiar un mensaje, una misión. La misión de Juan Bautista es preparar los caminos del Señor. Por eso es el gran profeta del cambio y la conversión. Sacude a sus contemporáneos, les exige justicia y amor solidario, los invita a volver a Dios. La conversión es la renovación interior, el cambio de mentalidad y de vida. La conversión es un mensaje de actualidad. El cristiano de hoy también debe preparar la llegada de Jesucristo: sanear el ambiente que tenemos con justicia y verdad. Desarraigar todo lo que impide la vida cristiana. Porque ser cristiano no consiste en buenas apariencias exteriores, sino en la coherencia de nuestra vida diaria con nuestra convicción interior.

Su mensaje para nosotros. La vida de este gran hombre tiene que cuestionarnos: ¿Cómo vivimos nosotros nuestra vocación de cristianos?; ¿Cómo vivimos nuestra vocación a la santidad?; ¿Estamos dispuestos a vivir en la austeridad, en la humildad, con valentía?; ¿Cómo preparamos los caminos del Señor en nuestra sociedad, en nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo, en nuestra vecindad?; ¿Somos profetas y actores del cambio y de la conversión, empezando con nosotros mismos, con nuestra autoeducación y también en la educación de los hijos, en contra de muchas corrientes de nuestra sociedad actual?

Jesús en el Evangelio dice: "El que tenga oídos para oír, que oiga", que es una forma hebrea de decir que quien esté dispuesto, quien quiera, que escuche mi palabra. Hay una cosa muy clara, ninguno de nosotros entrará en el camino de la paz si no somos capaces de oír lo que Dios nos pide, el cambio concreto que Dios pide a cada uno. Que no nos incomode la voz de Jesús, la voz del evangelio, la voz de Juan. El mensaje de cambio sigue siendo un mensaje incómodo, pero también un mensaje que vale la pena. Un mensaje que nos lleva a vivir en la plenitud, en la luz en la verdad. "la verdad los hará libres" dice el Señor. La voz de Juan Bautista es una voz que mueve conciencias. 

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.   

El autor es Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey. Sus redes sociales son: www.padrenoel.com; www.facebook.com/padrelozano; padrenoel@ padrenoel.com.mx; @pnoellozano


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