Valores reflejados en hábitos de comportamiento


"Su comentario relacionado con Toyota me pareció increíble, sobre todo por el actuar y por la postura ética de la empresa y las declaraciones que hizo el presidente de Toyota; no aplicó el pecado de Adán: yo no fui, fue Eva. 

´´Así es como se debería de actuar siempre, porque acciones como estas ganan la confianza del cliente y llama la atención de futuros clientes; es aplicar creativamente la estrategia de ganar-ganar".

Este comentario de un colega de la Coparmex es un ejemplo del buen número de mensajes que recibí sobre el tema que escribí ya hace buen tiempo titulado "Manifestaciones o Soluciones".

En mi mensaje yo había escrito: "Le tengo que decir, estimado lector, que me impresionó positivamente la postura de Toyota ante el problema que tuvo con uno de sus automóviles. Ellos no reaccionaron en forma negativa, ellos no encubrieron los hechos para evitar un enfrentamiento público. Ellos aceptaron su responsabilidad y actuaron en forma organizada para recuperar su reputación como empresa. Es el tipo de liderazgo que deberíamos de tener los responsables de atender los problemas bajo nuestra responsabilidad".

En muchos medios de comunicación, en muchos espectaculares aparecen mensajes ofensivos en algunos casos o usando malas palabras para promover un producto o un servicio, como es el caso de un restaurante por la avenida Revolución que vende "takos". Al leerlo me hice la misma pregunta que se hizo mi colega de la Coparmex: "¿Este es el tipo de mensajes que empresas socialmente responsables deben de usar para promover sus productos y servicios?".

Hace tiempo, en un mensaje que me publicaron me preguntaba: "¿Qué es lo que hace digna a una persona, a una organización, a una comunidad? Sin duda, para mí, las decisiones y acciones que toma, y los límites que se autoimponga en la dirección correcta y con base a valores importantes para trascender.

Es claro para mí que los límites se han "corrido" creando una nueva cultura en nuestra comunidad, cultura que se refleja en nuestros hábitos de comportamiento, en nuestros nuevos límites de comportamiento, ahora muy extralimitados por la cultura de la impunidad, la ilegalidad y la corrupción.

Les comparto parte de un mensaje que recibí de la esposa de un colega y amigo, quien nos destaca la importancia del honor, al decirnos: "Para los mexicanos, el honor es como la moral: nadie sabe si es un árbol que da moras o con qué se come; la mayoría de los mexicanos, con sus excepciones, no saben ni lo que es la moral ni lo que es el honor, y no lo digo con ánimo de fastidiar. El tema viene a colación por una increíble noticia– para Occidente–, pues en China se exoneró a una persona y se le revocó la sentencia de muerte a Nie Shubin, ejecutado hace 21 años por un crimen que no cometió. Los comentaristas dan la noticia como algo increíble, dando a entender que para qué le sirve a un ejecutado el que se le exonere de algo grave si ya lo ejecutaron. Aunque parezca ilógico, sí sirve el hacerlo, pues imagínense a los padres del condenado por violación y asesinato a tener, no solamente la pena de vivir todo ese agonizante proceso de su condena, sino tener que vivir con el vergonzante hecho de ser los hijos, los padres, los hermanos, abuelos, tíos o la esposa/esposo de una persona que fue ejecutada públicamente por algo que, por ser un crimen, mancha y perjudica a toda la familia y la sume en el descrédito".

¿Y cuál es la solución? Nos la dice Ikram Antaki en su libro El Manual del Ciudadano Contemporáneo. Él nos dice que "la domesticación (educación) del caballo se da gracias al freno, que enseña la moderación y encadena la fuerza bruta". El freno es la cultura del respeto a normas y reglamentos, debemos poner freno o pedir que se ponga, una y otra vez, hasta que se eliminen todas las cosas negativas que afectan a nuestra comunidad, y más aún, las que están bajo nuestra responsabilidad.


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