Viajando en familia


Desde hace un año en familia comenzamos a soñar con la posibilidad de viajar juntos y gratamente puedo compartirles que lo pudimos lograr. Colegio, trabajo, deberes, pendientes y muchas más obligaciones que podríamos enumerar sin acabar y que hacen que los miembros de la familia no pasen todo el tiempo que quisieran juntos, inspira para planificar un viaje.

En retrospectiva hoy puedo comentarles que no sólo sirvió para divertirnos y descansar, ya que desde la planificación dio la oportunidad de estrechar todavía más los vínculos con todos los participantes.

Y es que se inicia con el momento que se decide hacerlo, a pesar que faltaban meses para que se produjera el viaje, la participación en la decisión, hacia donde, con quienes se iban a contar y el lugar donde nos instalaríamos, logró que se hicieran varias propuestas en las que cada miembro desde los más jóvenes hasta los adultos se tomaron en cuenta y en consenso llegar a una decisión.

En nuestro caso donde 10 fueron los valientes y el miembro más joven tiene 2 años y el mayor 70 años, propuso toda una proeza en el departamento de conciliación, ya que los niños pueden querer visitar un parque de atracciones y los mayores se les puede antojar solo descansar. De esta forma la mejor opción que se tomó fue buscar un punto medio donde todos se la pasen de lo mejor y decidirse por un lugar que tuviera ambas características. 

De esta manera se consiguió compartir aficiones entre los distintos miembros de la familia permitiendo conocerse mejor.

De esta forma también se pudo conseguir planificar la agenda del viaje. Es decir, saber más o menos qué es lo que se visitaría una vez se llegue al destino en concreto. Aunque todos los que han viajado con niños saben que esto puede variar en incontables ocasiones, sobre todo en los lugares para comer y es una situación que también sirvió para darle un toque de aventura a esta experiencia.

Si bien esta oportunidad sirvió para estrechar lazos, estos no se logran solos, así que una buena estrategia fue el acomodo de las habitaciones, el uso de un grupo de WhatsApp para reportar cualquier cambio de planes o mandar ubicaciones, las charlas unos con otros y la acumulación de anécdotas.

Al final del día la parte más deliciosa era comentar lo vivido y experimentado conforme el viaje iba avanzando, preguntarles que fue lo mejor de su día, que les gustó más y que les gustó menos. En nuestro caso una de las noches mis hijos me comentaron: "Mami, y si hoy no salimos a cenar y nos quedamos en el cuarto" ¡Bienvenida la observación! 

El crear los buenos recuerdos, reír con ellos,  jugar con los más pequeños, platicar con los más grandes formaron gratas fotografías en la mente de todos.

Considero que el viaje no une sólo mientras dura. Los recuerdos generados en el destino son y serán un buen tema de conversación cuando todos estén sentados en el sofá para pensar en lo bien que la hemos pasado durante la estancia en otro lugar.

Estoy segura que al revisar y comentar las fotografías también contribuirá a compartir estos recuerdos. Ver una imagen de la familia en un determinado lugar hará que renazcan los pensamientos sobre un día en concreto y lo que hicimos como la familia en aquel verano.

Gracias Jerry y Nany.


Volver arriba