Voto por despecho


Un fenómeno que se presentará en las elecciones próximas es la decepción entre muchos de los electores como consecuencia del desprestigio de los partidos y la clase política en conjunto.

Algunos especialistas estiman que puede crecer el abstencionismo en las urnas por lo desangeladas que son las campañas y derivado de las antipatías contra los candidatos. Este asunto puede alterar el rumbo de las elecciones presidenciales próximas.

Los estrategas electorales de los candidatos se debaten entre el voto útil, el switcher y el del resentimiento, tres tipos de electores vigentes en la democracia mexicana; ninguno de los expertos repara en la presencia del voto por despecho o voto despechado.

Las campañas políticas poco o nada mueven las preferencias de los ciudadanos quienes ya definieron a favor o en contra su voto.

Los votos que se disputan en las campañas son predominantemente los indecisos y los que votan por propuestas o personas; en ese sector se ubica el 25% a 35% del electorado total, esos son los votos por perseguir.

La guerra sucia, los spots en medios y redes, así como la campaña positiva y negativa de candidatos, tienen sólo dos propósitos: reforzar la identidad de los adeptos e intentar sumar la mayor cantidad de votos de ese rango que no ha definido su voto.

Los estrategas no han considerado una nueva clase de electores, una subespecie surgida del hartazgo, del enojo y el desencanto: el voto por despecho.

Hoy más que ninguna elección previa, jugará un papel determinante el antivoto. Es decir, el rechazo electoral por un candidato o su partido político.

Los dos candidatos más rechazados en las preferencias electorales son AMLO –él como político– y Meade –el PRI como marca–. Cada uno acumula un rechazo cercano al 50% de las preferencias, uno de cada dos electores no votaría nunca por uno de ellos.

La elección terminará con dos finalistas punteros, un tercero distante y uno rezagado. En ese entorno, la elección la definirán la campaña negativa y la guerra sucia, aquí entra el voto por despecho.

Al voto por despecho lo explico al estilo macho mexicano: “si no es mía, no es de nadie”. Los despechados son capaces del homicidio y el suicidio con tal de no perder, son la peor especie en una sociedad, son irracionales capaces de inmolarse con tal de perjudicar a un tercero.

El voto por despecho estará en las urnas; habrá miles de electores dispuestos a votar por un candidato(a) que no los convenza con tal de descarrilar el personaje motivo de su resentimiento.

A los electores despechados, no les importa si con su voto entronan a un loquito, déspota, fanfarrón, mamarracho, tirano, dictadorzuelo, mitómano o alguien que represente continuismo. Votarán para “joder” al que desprecian.

El voto por despecho estuvo presente en las elecciones del 15 y el 16; los ciudadanos encolerizados, hambrientos de venganza, votaron pensando que “si no puedo poner al que quiero, evito que llegue el que no quiero, aunque en la decisión me vaya el futuro de la comunidad”, votaron cegados por ira.

Es probable que el 1 de julio gane quien sume la mayor cantidad de despechados dispuestos a aniquilar al que acumula más rechazos.

¿Estarán los estrategas implementando medidas para capturar despechados y contener el rencor de los que se sienten agraviados por el despecho hacia su candidato.


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