Monterrey
Armando Arias Hernández
Sobre Pymes y otras alquimias

Deportes y crecimiento económico

Una de deportes y oportunidades

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?


Desde que la humanidad pisa la faz de la tierra se ha fascinado con la idea de la existencia de seres superpoderosos; es decir, que pueden más que los demás, en muchos sentidos y ámbitos. Seres que exceden las capacidades “normales” y que, en consecuencia, interactúan con la realidad de forma extraordinaria. 

• Estos seres provienen de la mitología de las culturas y de las líneas poéticas de los libros, que describen la historia y las hazañas de aquellos que las vivieron como testigos o como protagonistas de la misma. 

• Las religiones –en su tradición y en sus textos– narran de forma poética, metafórica o descriptiva, hazañas y sucesos atribuidos a seres “normales” haciendo cosas extraordinarias a motu proprio o en nombre de un ser superior, como conducto de su poder; los milagros son alteraciones de las leyes de la naturaleza que sólo pueden explicarse como algo que no ocurre en lo ordinario y que responde a fuerzas superiores. 

• Todo eso es inexplicable a los ojos de la razón, que –apoyada en la ciencia– ve superados sus límites y no da crédito como reacción automática, como protegiendo su acervo que contiene las demostraciones que prueban el qué y el porqué de las cosas y de sus interacciones.

 •  La filosofía, por el contrario, tiene ataduras más fuertes pero más flexibles, y busca la verdad sustentada en razonamientos y argumentos que prueben la realidad; las religiones incluyen el componente de lo extraordinario como algo esencial y lo perciben como ordinario dentro de lo extraordinario. 

• Sin duda los liderazgos en cada ámbito han sacado partido de estas historias, leyendas o mitos, cada una con su sustento y su fundamento en la realidad y algunas con un apelativo de mito como forma de entender la realidad. 

• Lo cierto es que de ahí surgen las representaciones textuales, poéticas, musicales y gráficas dentro del arte, de la historia y sus protagonistas, ubicados siempre en la lucha de dos bandos, uno que busca defender el bien y otro que se opone –creando un balance representando el mal–, dos componentes que dan explicación suficiente a nuestra realidad en el mundo.

 • Quien escribe la historia formula sus símbolos, sus fundamentos y sus héroes, a veces superpoderosos. 

El cómic como género gráfico del arte contemporáneo ha sido vehículo efectivo para el adoctrinamiento y la sustentación de las ideas, los nacionalismos y las manifestaciones patrióticas en momentos clave de la historia. Es interesante ver la historia del origen del personaje de “Capitán América” y su participación en la Segunda Guerra Mundial como héroe vivo en las páginas de los cómics que leían los niños americanos en sus barrios y en sus casas.

• El ser humano común espera ante las dificultades ordinarias la intercesión de un ser superior que de forma extraordinaria le ayude a resolver su penosa situación. La conceptualización del bien –y también la del mal– suele tomar formas humanas, y a esas se les atribuyen las cualidades, los rasgos, las formas y los comportamientos. El mal y el bien tienen entonces un rostro, un nombre y una ubicación para procesarlos en la mente.

 • Por otro lado, el desequilibrio de la realidad trae consigo una crisis basada en la incomodidad, en la zozobra de la incertidumbre que genera angustia, porque el futuro no se alcanza a vislumbrar, momento perfecto para que los profetas y los falsos profetas alcen la voz encontrando un terreno fértil de seguidores sin rumbo y deseosos de subsistir en la dificultad. 

• No es difícil atribuirle a esos profetas que anuncian a alguien realmente superior poderes extraordinarios o darles la autoría de sucesos inexplicables. 

Tampoco es extraño encontrar esperanzas falsas en sucesos extraordinarios de seres que vendrán a “salvar el día” con hazañas dignas de las páginas de los más prolíficos escritores de ficción. 

• En México, la lucha entre el bien y el mal tomó forma con atributos deportivos, artísticos, mágicos aderezados con parafernalia espectacular en la modificación de la lucha grecoromana, dando como resultado la lucha libre en la que los rudos y los técnicos, ataviados con disfraces y máscaras, danzan y prueban fuerzas escribiendo historias y hazañas en un espacio limitado que pronto se escapó a las pantallas y a las páginas de dibujos, que contaban sus historias. En la realidad el mal no esta caricaturizado y el bien no se manifiesta de forma milagrosa, al menos no el ordinario.

 • En ambos casos los protagonistas de la historia somos seres ordinarios haciendo a veces cosas extraordinarias, dentro de los límites de las leyes de la naturaleza y a veces fuera de los límites de las leyes civiles y humanas. No hay que esperar nada para empezar a afrontar la realidad como es y descubrir formas de hacerla como sea conveniente para el bien común, entre las personas, los pueblos y las naciones. 

• Nosotros tenemos la palabra, la tinta y las páginas en blanco para escribir nuestra parte de la historia, en nuestra vida, en nuestra familia, con nuestros semejantes, en nuestra nación, con las demás naciones, en nuestro trabajo, como empresarios o colaboradores, como parte del gobierno o como actores de esta etapa de la historia de la humanidad. Los superhéroes existen pero con esa forma. 

•¿Está listo para dejar de quejarse y comenzar a actuar?


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