IrreverenteMonterrey
Más del autor

Ahí viene la tormenta

La trágica predecibilidad

Hacer cumbre es la mitad del camino; o menos, porque falta lo más pesado

Plaga en el cine, la tierra, el teatro y en todo lugar

Sácale a la vida miel, no hiel

Coloquemos un ladrillo hoy encima de otro que pusimos ayer

Se insultan públicamente, y comen juntos en privado

Y si el ‘Tarántula’ no quiere trabajar ¿lo corro o AMLO debe autorizar?


Su esposa Elvira se levanta todos los días a las 5 de la mañana para prepararle el lonche y desayunar juntos lo que quedó de la cena de anoche. 
Tiene 60 años de edad y 4 trabajando para una empresa de limpieza donde gana $900 por semana como afanador. Trabajó en Fibras Químicas, y antes de que ésta fuera vendida a Alfa, él y muchos perdieron la chamba en un reajuste que se dio para bajarle al negocio el “pasivo laboral”.
Siendo afanador, sabe lo que es el “pasivo laboral”. Me pregunto si los ayudantes que trajo a Monterrey la próxima Secretaria del Trabajo también lo saben. 
Les platico: José Alfredo Zapata trabajaba como operario en el área de hilados de aquella fábrica y fue liquidado antes de que los nuevos dueños se hicieran del negocio. Él y todos los que tenían más de 40 años.
Anduvo batallando para conseguir un nuevo empleo y calcula que repartió su currículum en unas 60 empresas, con más de 100 entrevistas de trabajo. “Mi problema era la edad”, dice encogiéndose. Hasta que fue contratado en un puesto que ni venía al caso con su experiencia.
Una vez que me lo encontré haciendo su trabajo con sus audífonos bien puestos, le pregunté qué escuchaba, y sin pronunciar palabra alguna, se quitó uno de los auriculares y lo puso en mi oído, José Alfredo estaba oyendo la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler.
Su caso se parece al de miles de egresados de las universidades y tecnológicos del país, que no encuentran un trabajo digno. Tienen que sobrevivir con salarios menores a $18 mil mensuales, si bien les va, o trabajan un Uber rentado, o terminan vendiendo de casa en casa.
En el 2017, el presupuesto de todos centros públicos de estudios profesionales y técnicos fue de $680 mil millones de pesos. Cifra inaudita si consideramos que menos del 30 por ciento de los egresados de ese modelo educativo tienen un trabajo estable en el 2018. 
Sólo la universidad que López Obrador creó durante su gestión al frente de la CDMX le cuesta al erario $2000 millones de pesos al año y en el 2017 tuvo una deserción del 85 por ciento. De los egresados, consigue trabajo la mitad.
Entonces, ¿de qué sirve gastar tanto dinero en preparar a los chavos, si el país no es capaz de ofrecerles un trabajo digno?
A lo mejor en eso están pensando Luisa María Alcalde y sus asesores con el programa “Jóvenes construyendo futuro”, que pretende darle empleo a 2 millones 300 mil “ninis”, pero si su plan va en esa dirección, lo están haciendo muy a la ligera. 
La opinión generalizada de quienes la oyeron en un evento de AMEDIRH fue que en lo laboral, los del nuevo gobierno están recetando medicinas sin saber, sin diagnosticar y sin evaluar antes.
Los empresarios no son madres carmelitas para arriesgar su rentabilidad mientras a los “ninis” que les quieren mandar Luisa María y AMLO, se les pega la gana de aprender un oficio, cuando no saben lo que es talonearle para conseguir trabajo.
Si el nuevo gobierno no les da algo a cambio a los empleadores, desde ahorita les digo, no van a jalar con ese programa debido a las siguientes razones:
1.- El IMSS está colapsado, con un pésimo servicio a sus derechohabientes, que al día de hoy les dan cita para un servicio médico especializado hasta dentro de dos, tres meses o más.
¿Cómo diablos le van a hacer los “genios” de la próxima Secretaría del Trabajo para que el reventado IMSS aguante a 2 millones 300 mil “ninis” aprendices que los empresarios van a tener que dar de alta en el Seguro? Y doña Luisa María dice que 1 millón 600 van a tener jale en un año, con todo y la trasnochada encuesta casa por casa de la que les platiqué ayer.
2.- ¿Cuánto tiempo van a permanecer los “ninis” en las empresas si resulta que sus habilidades no son aptas para ningún puesto?
3.- ¿Qué va a pasar con “La Tarántula” si me lo mandan a mi negocio y éste no quiere jalar? ¿Lo tengo qué contratar nomás porque el “Peje” lo recomienda o qué? ¿Y si está cruzado con grillo y empieza a socavar el clima laboral? ¿Y si le da por echarse sus churros dentro de la empresa? ¿Y si falta cada vez que hay fiesta en su barrio? ¿O si llega tarde a la chamba? ¿O si se quiere morder a sus compañeras? ¿O si se le pone al tú por tú al jefe? ¿O si no se quiere poner el uniforme porque prefiere sus pantalones a la cadera? ¿O si dice “sí jalo, pero siempre y cuando respeten mi corte de mohicano”? ¿O si quiere meter a sus recomendados? ¿O si quiere transporte de personal y a la puerta de su cantón? ¿O si quiere aguinaldo, utilidades y vacaciones por adelantado porque conoce sus derechos que -por cierto- le explicó un pupilo de Paco Ignacio Taibo II?
¿Lo puedo correr o tengo qué pedirle permiso a AMLO o a Luisa María?
Son preguntas, conste, no vayan a pensar que soy un reaccionario que no quiere jalar con el nuevo gobierno. “Ah, menos mal,” interviene al oír esto la irreverente, mordaz e irónica de mi Gaby.

CAJÓN DE SASTRE.
Cuando le platiqué a José Alfredo Zapata lo que pretenden hacer los secuaces de Andrés Manuel con el tema laboral, murmuró entre dientes: “son fregaderas”, y siguió con su trabajo, escuchando a Gustav Mahler….

Volver arriba