You say you got a real solution, well you know, we’d all love to see the plan. The Beatles


Hace unas semanas escuché en un noticiero que de aquí a las elecciones del primero de julio nos van a bombardear con 11 millones de spots; obviamente son los mismos repitiéndose miles de veces, repartidos en toda la República Mexicana y en los países donde se encuentren votantes potenciales, ¡pero 11 millones son un montón! No voy a entrar en temas de política, ni de dónde vienen los recursos o si los partidos tienen más que los independientes, ésta es una columna de música y en el poco tiempo que estos spots llevan, la música ha tomado un papel sumamente protagónico y polémico.

A lo largo de la historia no sólo la música, sino todas las artes, han demostrado ser un gran vehículo para comunicar masivamente una idea y desde siempre los ideales a favor o en contra de la política de un país han sido comunicados y reforzados de esta manera. Desde la campaña de Lennon contra la guerra hasta los muralistas mexicanos después de la revolución, las artes le han dado voz al sentir colectivo de un pueblo, por eso cada campaña tiene muy trabajada la parte artística.

Hace unos días me despertó mi hijo de cuatro años cantando: na na na na na movimiento naranja; después de que se me pasó la risa entré en pánico. Sí, la melodía y el “hook” son brillantes, más pegajosos que un chicle en pavimento, acompañado de un niño huichol adorable, pero, ¿es ésta una casualidad más de las extrañas fuerzas indomables que se encargan de viralizar algo o un plan ejecutado a la perfección?

Después empezaron a salir remixes, a ponerla en antros y a hablar de ella en todos lados. ¿Cómo puede llegar una campaña política a competir hombro con hombro con las canciones más populares del momento? Mi hipótesis es que no la estamos disfrutando, nos estamos burlando.

La gran mayoría de los fenómenos virales son burlas, el mismo éxito de Gangman Style se debió a la ridiculización mundial del personaje más allá de la canción o el baile del caballito que tenía este rechazado de la industria del K-Pop.

Pero, sin importar si el público se ríe, comparte, o se rinde a los pies de movimiento naranja, todos los demás seguramente entraron en pánico y quieren su propio fenómeno viral. Pero esto es casi imposible de replicar.

Son tantos los factores externos que el éxito basado en la viralización sólo pasa cuando sucede, no hay manera de planearlo. Aunque la extraña campaña del reggaetón de la Niña Bien, que invita a votar por ‘‘ya sabes quién’’, si logró la suficiente polémica en los últimos días no tiene al país cantando y bailando.

Desgraciadamente vivimos en una época donde la ropa sucia se lava en Facebook, y los debates y peleas de temas políticos fácilmente se desvían a si estos spots son legales, correctos, que si llevan al voto o no; cuando en realidad deberíamos de estar buscando dónde leer los planes de trabajo y los puntos de vista de cada candidato para poder votar lo más inteligentemente posible, en lugar de bailar al ritmo de Yuawi.

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