'El engaño...'

Amigas y amigos aficionados a la fiesta más bella de todas las fiestas, la fiesta brava, luego de una semana 'tibia', donde la información taurina que nos interesa no fluye como debería, se anunció en el universo taurino la reprogramación -por condiciones climáticas, para este domingo- de la corrida madrileña de la hispanidad donde participará 'El Cejas', los 4-carteles-4 para Guadalajara, el movimiento ayer de las redes sociales... y el nuevo apoderamiento de Alejandro a su sobrino Diego
El engaño...

En nuestra localidad, seguimos sin saber mucho de los planes de la “empresa” para lo que resta del año.

Por ello y aclarando, sin jiribilla para los de adentro, hoy quiero ocupar este espacio para reflexionar sobre “El engaño” (y que no se asusten los políticos... porque esta vez, no me refiero a ellos).

En el mundo 'normal', el engaño -según el diccionario- es “acción o conjunto de palabras o acciones con que se engaña a alguien o se le hace creer algo que no es verdad”, pero en el “mundo del toro”, el engaño es la acción y el elemento con el que el diestro provoca la embestida y dirige la fiera acometida del burel.

Comúnmente, el término 'el engaño' es utilizado como una forma de abreviar los avíos que sirven para torear. Pero también es común que el término sea utilizado en otras acepciones a lo largo de la lidia.

Por ello, es que el término ha sido utilizado dándole malamente una interpretación errónea de quienes, por conveniencia a sus intereses económicos 'animaleros', denostan, insultan y agravian la honorable y honrosa profesión de ser torero, al decir de forma -más que despectiva- que se engaña al toro con un trapo.

Y es que, obedeciendo la interpretación del diccionario que es clara, ellos toman la interpretación de esta verdad humana aplicada en un animal, que en este caso es el toro de lidia, bajo el sentido de que “... se le hace creer algo que no es verdad”, pero en “el toro” todo es verdad, vive a plenitud de su ser, y muere de verdad bajo el mandato de su instinto, como el diestro mismo lo hace en el propio ruedo donde se mide con él.

Yendo por partes, y para ser más claros, tenemos que comenzar por el principio y entender la naturaleza del toro para poder comprender todo lo demás. Ya lo he dicho antes: el toro bravo de lidia, que es un animal sintiente, pero no pensante, es de decir, carece de razonamiento, obedece al instinto de bravura con que el que genéticamente ha sido dotado por la naturaleza.

Como ejemplo para entender claramente a lo que me refiero, el toro no está dotado con aletas o escamas para hacerlo nadar y hacer piruetas en el agua como los delfines. Tampoco se le puede montar para transportarse sobre él, como a los caballos... y mucho menos se le puede atar una cuerda al cuello para sacarlo a pasear al parque, tenerlo en el patio o dejarlo dentro del hogar como si fuera una mascotita.

En la diversidad del universo animal, su naturaleza es distinta. Pero en internet circulan videos donde, según “los animaleros”, los toros pueden ser domesticables porque “un suizo adoptó a uno con el que juega y vive con él”, o el caso de otro señor español que ha criado personalmente a un bravo toro que es “soltado” en las fiestas del pueblo, arremetiendo contra todos, menos contra su criador, al que reconoce por la voz.

Lo cierto es que estos ejemplos que comento son excepciones, pero no la regla. El toro acomete embistiendo por su naturaleza brava a quien osa posarse en el territorio que él adopta como suyo, ya sea en la dehesa, en un corral, en una plaza de toros. ¿Por qué lo hace? Si lo hace por sentir peligro o lo hace por hacer defensa, no lo sé, solo sé que podemos entender que lo hace, por su propia naturaleza e instinto.

Y no podemos mentir, como lo hacen aquellos que dicen: “siete de cada 10 gatos, prefieren... tal alimento”, porque en realidad, yo no he visto un gato contestar una encuesta, y tomar esta respuesta por el solo hecho que de que un gato se come lo que le des -sin olvidar que su costumbre es comer ratones-, pues es engaño.

Lo cierto es que “el engaño”, el verdadero engaño entre los seres humanos, es ese que lleva un mensaje aparente y malamente interpretado, insisto, a conveniencia de sus propios intereses comerciales, para propiciar “una nueva cultura de protección animal”, en defensa de una especie que -francamente-, como no es “su negocio”, no les interesa, pero el hecho de que exista, repercute contrariamente en él, por eso es que viene de parte de ellos el ataque de su “engaño”.

Y “el engaño” es ondear una bandera populista cuando no les interesó defender la vida de miles de animales de circo que murieron después de la prohibición, así como no les interesa el maltrato en “el manejo” poco humanitario que se les da a los caballos, puercos, vacas y toros de abasto, gallinas, pollos y otras especies de animales que, por miles -si no es que por millones-, sin oportunidad de volver a su lugar de origen, son sacrificados diariamente a la sombra de los mataderos para convertirse en ricos embutidos, tacos mañaneros, tostadas siberianas, tortas ahogadas, tamales y carnes asadas para alimentar a la población.

Debemos de entender que, por naturaleza, cada especie animal tiene un ciclo de vida y una “vocación” natural para dar sustentabilidad a su entorno, y esta debe de ser aplicada para beneficio de la raza humana... y no al revés, porque entones caeríamos en que “los patos le tiran a las escopetas”, y eso, debe de quedar más que claro.

Cuando “echan tomate” en contra de su servidor, por verter este tipo de comentarios, que son verdaderos en torno al tema, “ellos” (los contras, animaleros... o como les quiera llamar) se desgarran las vestiduras argumentando que se trata por una cuestión de moral o de humanidad, y no de negocio, cuando sus agresiones e insultos al que esto escribe carecen de tal sentido, por tanto, no entiendo cómo es que tienen el cinismo de ondear la bandera de “su engaño” en contra el “maltrato animal”, maltratando y agrediendo a quienes, como su servidor, no están de acuerdo con ellos, por atreverse a hablar con la verdad que ellos ocultan.

Que quede muy claro: en México no existe el derecho animal... y si existiera, no puede estar por encima de los derechos que le otorga la Constitución al ciudadano.

Sólo espero que a “ellos” (los contras, animaleros o como les quiera llamar) no se les atore o que no les haga daño el taco, el pedazo de cerdo, de pollo o de carne que se han “jamado”, después de leer mis comentarios, de lo que considero que -de parte de su movimiento- es uno de los más grandes engaños que vive nuestra sociedad y la misma humanidad, en la actualidad.

Por hoy es todo amable aficionado, si quiere rematar mi columna de hoy con un... ¡‘olé!, venga, pues que pa’vivir nacimos!

Nos leemos el próximo domingo en la sección de Opinión Editorial, y el próximo viernes aquí mismo, pero mientras esto llega, que Dios reparta... ¡suerte!

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