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Aniversario en blanco en la Monumental Monterrey

Aniversario en blanco en la Monumental Monterrey

Los toreros Juan Pablo Sánchez, Gerardo Adame y Juan Pedro Llaguno derrocharon voluntad, pero perdieron con el acero.

A pesar de las condiciones climáticas adversas presentadas el pasado viernes, el público regiomontano ocupó con mucho entusiasmo poco más de un cuarto de entrada del histórico inmueble taurino de la “Lorenzo Garza”, que celebró toreramente y derrochando voluntad de parte de los tres espadas que conformaron el cartel, pero muy “en blanco” los resultados para vestir la celebración de su 85 aniversario de existencia.

Con un gran deseo de disfrutar la noche, toreros, público, toros y hasta el juez de plaza, Antonio Quiroga Escamilla, que por pura afición y para poder estar presente y presidir esta corrida pospuso la fecha de una delicada cirugía de corazón en la que sería intervenido previo a esta corrida y que será reprogramada para esta misma semana, la lluvia previa registrada antes de la hora del festejo no causó mella en el ánimo de todos los actores de esta noche que salieron predispuestos a dar lo mejor de sí en el marco de esta anunciada celebración Monumental.

El hidrocálido Juan Pablo Sánchez con el abre plaza dejó ver la pulcritud de su quehacer en una faena corta que se vio opacada por su mal desempeño con el acero mismo que le privó del apéndice. Con su segundo, un toro de gran nobleza, recorrido y fijeza, lo toreo a placer con temple, despaciosidad, cadencia y ritmo que caló hondo en el ánimo del respetable que junto y como el toro, se le entregó a sus pies frente a la grandeza portentosa de su quehacer torero que una vez más, se vio opacado con la desacertada labor con el acero, perdiendo nuevamente los trofeos.

Por su parte Gerardo Adame, estuvo medianamente decoroso con su primero en una faena aseada, pero un poquitín a la distancia, sin encontrar su sitio y la colocación que exigían las condiciones propias del animal. Certero con el acero su actuación se considera discreta. Con su segundo también una faena aseada pero más voluntariosa que la anterior al torear por ambos lados con decisión y matando de certera desprendida pero casi entera que le valió la petición generalizada de oreja que le fue negada atinadamente por la autoridad.

Por último Juan Pedro Llaguno dejó ver su afición y deseos de agradar desde que se abrió de capa con su primero al que lanceó con torería, banderilleó con mucha entrega ante la alegría popular que se apagó en el último tercio al dejarse ver el toro, deslucido y descastado, terminando rajándose en tablas.

Con su segundo, el diestro queretano aplicó la misma dosis de voluntad, entusiasmo y entrega ante un toro de mejores condiciones que su anterior al que hilvano serie de muletazos que fueron fuertemente coreados, perdiendo los trofeos con el acero.


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