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Hombre pierde la vista y ahora vende elotes

Un gran ejemplo de trabajo y esfuerzo se refleja en la historia de Marcelo Regalado, quién luego de trabajar con químicos y perder la vista, ahora vende elotes.

Sentado en el porche de su casa, Marcelo Regalado García, enfrenta su destino y sale adelante.

Su historia es como la de muchos obreros que laboran en sitios donde su salud está en riesgo.

Marcelo trabajó en un taller de pintura y hojalateria automotriz, expuesto a los vapores de solventes y gracias a su cercanía con este tipo de material, arriesgo su vista a una alta contaminación.

Al paso del tiempo, el nervio óptico de sus ojos se deterioró, esto lo llevo poco a poco a perder la vista, a perder oportunidades de competir laboralmente y al final perdió su trabajo.

A partir de entonces, recorrió hospitales, médicos especialistas, pero el daño fue irreversible.

'Perdí mi vista, no veo, solo capto sombras, pero ya nada se puede hacer ' dijo mientras quitaba las hojas a los elotes.


Durante la entrevista, señala que su daño fue por la exposición al tolueno.

' Trabaje muy cerca de solventes y aunque los médicos me lo advirtieron no les quite hacer caso y aquí está el resultado' indicó.


A pesar de ello, Marcelo no claudicó y comenzó su propio negocio.

Ha temprana hora su día comienza al sur de la ciudad de Monterrey; con las primeras horas de la mañana, sale de su casa, en la calle Alcaldía en la colonia Burócratas Municipales.

Espera la llegada de un vehículo, a cuyo propietario le paga una renta para que lo lleve hasta la colonia Terminal.

Sobre la calle Guadalupe Victoria, adquiere la materia prima que son los elotes.

'Me levanto muy temprano a trabajar, traigo el comercio en la sangre, mis padres vendían elotes, nopales'


Pese a su daño, es un diestro para utilizar el cuchillo, cortar el elote y deshojarlo.

'Primero los limpio muy bien, los colocó en esta mesa y después en la olla, porque para cocer un elote hay que saber' dice sonriendo.


Se levanta y con dificultad camina, pero no tropieza, llega hasta un segundo cuarto y saca el bracero dónde enciende la leña.

'En una hora u hora y media están listos'


Sin embargo, su comercio solo depende de los días de escuela

'Solo cuando hay escuela puedo vender bien, los alumnos no compran, si no sus padres que vienen por ellos' dice con voz entrecortada.


Luego de esta temporada la situación se torna difícil, la gente se aleja y los vecinos no se acercan.

Marcelo radica en una zona de alto riesgo, una zona propensa a los asaltos y agresiones de pandillas.

Para él, el destino está claro, sobrevivir ante la adversidad de ser uno de los muchos obreros sin trabajo.

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