Opinión

Carta abierta a Genaro García Luna

Carta abierta a Genaro García Luna (que seguramente no leerá)

Ya comenzó la pasarela de testigos en contra tuya, Genaro, en este que ya se conoce como el juicio del siglo (así de exagerados somos los periodistas).

Dudo que leas esta carta abierta que te escribo, pero no pierdo la esperanza. Te haré algunas reflexiones que te pueden servir, al menos como acto de contrición.

Tu vida, Genaro, es muy parecida a la de Miguel Nazar Haro. Igual que tú, Miguel era hijo de policía; miembros ambos del sistema político mexicano, aunque tú te ostentabas como parte del cambio democrático. A Nazar esas sutilezas tan sofisticas francamente le valían madre.

Nazar Haro vendía ropa usada y ahí comenzó su ascenso al poder, o más bien su descenso a las cloacas del sistema.

Pero aún como titular de la Dirección Federal de Seguridad, Nazar nunca ejerció un poder similar al tuyo; tú sí te volaste la barda.

Nazar fue siempre un alfil, un segundón en los pasillos palaciegos, donde el único que mandaba, de verdad, era el presidente. Nadie más.

Tú, en cambio, como ingeniero mecánico, acabaste por tunear el motor político de Los Pinos a tu conveniencia.

Hasta Felipe Calderón se subordinó a los acuerdos que cerraste con cierto Cártel, según lo intentan probar los fiscales en tu contra, que ya alegan que tu vínculo con el crimen organizado se remonta a más de 20 años.

Ni siquiera Juan Camilo Mouriño te disputó tanto poder detrás del trono. Tal parece que una buena parte de la guerra contra el narcotráfico que coordinaste fue un simulacro. Por eso lo enconado de la guerra del narco: guerra de mentiras y muertos de verdad.

Tú, al igual que Nazar, te creíste intocable porque ambos, tú y él, se decían socios de la CIA y de la DEA. Así lo alardeaban.

Los dos se paseaban en EUA en supuesta impunidad y compraron propiedades en California, Texas y Florida.

Nazar Haro le entró al contrabando de vehículos suntuosos que robaba allá y vendía en México. O regalaba a sus padrinos políticos.

Si hubieras tomado de ejemplo la suerte de Nazar, te habrías enterado que a los gringos les valió que Nazar se asumiera como “uno de los suyos”.

Lo detuvieron, lo procesaron y por poco lo sentencian de no ser porque la diplomacia mexicana cabildeó al más alto nivel (Nazar guardaba secretos de la grilla mexicana que por nada del mundo podían ventilarse en terrenos norteamericanos).

A diferencia de Nazar, a ti no te defenderá el gobierno mexicano. Eso por saber se calla. Al contrario. ¿Tu suerte está echada? Quién sabe. Pero sólo un milagro podrá sacarte de este aprieto.

Y por lo visto, el fiscal del Distrito Este de la ciudad de Nueva York no cree en milagros. Al menos no para liberarte pronto. 


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