Opinión

De lo nacional y del Mundial

De lo nacional y del Mundial

Literalmente “goleado” y creyendo que estoy “marchando” –esto último en sentido figurado–, hoy me veo lo mismo como politólogo que como director técnico de algún once de barrio.

Esta percepción trae a mi pretendida mente el concepto de la paradoja de la vida, esa que exige la muerte para acreditar la existencia.

Extiendo ese concepto a la interpretación de la política nacional hecha por las franquicias llamadas “partidos”, continuas fuentes de las aparentes contradicciones que envuelven la realidad de los mexicanos.

Sólo dos cuestiones a manera de ejemplo:
¿Cómo no considerar reyes de la paradoja a los llamados “partidos de oposición”, cuando cuestionan al gobierno actual por supuestos retrocesos usando un discurso “oposicionista” ausente de propuestas innovadoras, pero lleno de invitaciones para retornar al pasado que protagonizaron?

¿Cómo no observar el debate de apariencia contradictoria que motiva el gobierno de México para determinar si en él rige el sentido del humor que hace menos ingrata la vida u opta por la agudeza para burlarse de quienes la sufren fuera de la nómina gubernamental, a propósito de la difusión de fotografías del pastel con el que celebró las 1,000 reuniones del Gabinete de Seguridad, aduciendo que tantas juntas de este tipo han permitido garantizar paz y tranquilidad en el país?

Me queda claro que el homenaje a la paradoja es hoy permanente en el país, donde las evidencias de este culto saturarían el espacio destinado a esta columna, como camiones estacionados el domingo alrededor del Ángel de la Independencia transportando gente libre que engrosa cuotas obligatorias, o como risas provocadas por las promesas de cambio hechas por el PRI y PAN en tono de seriedad.

En esta oda continua a la lógica que en apariencia se cuestiona, se integran otros niveles de la política en el país, como los del deporte nacional, aunque oficialmente carezca de este título.

El futbol representa valores como la disciplina, perseverancia y colaboración en beneficio de la salud del cuerpo, mente y entorno social. Sin embargo, la realidad mexicana envía a segundo plano esas cualidades y destaca su mercantilismo, promoción de drogas legales y uso a manera de un emblema nacional ajeno a la libertad y el progreso, entre otras características incompatibles con la admirable esencia de este deporte.

Con ansias de no quedarse atrás en la nación de la paradoja, al igual que cada cuatro años, diversos medios de comunicación masiva insisten en calificar como “fracaso” el habitual desempeño del equipo al que le dicen “representativo”, aunque luego continuarán alentando las mismas causas de la derrota señalada, justo como sucede en otros niveles de la gran contradicción nacional.

Si las paradojas llovieran, quizá no habría suficientes paraguas en el territorio mexicano.

Bajo esta tormenta recuerdo a uno de mis primeros jefes en la iniciativa privada, quien sacudió mis creencias cuando me dijo que no le interesaba ni que llegara a la oficina antes de mi hora oficial de entrada, ni que la dejara después de que el resto del personal había salido, menos que fuera a trabajar los sábados. “Me interesan los resultados, no el tiempo que se pasa en el trabajo”, concluía. Sí, admito, vivía en la paradoja de hacer como que hacía.

Extraigo luego de mi memoria las imágenes de la discusión en el cuarto de guerra de un alcalde priista, acerca de su iniciativa para organizar una marcha con el fin de protestar contra la inseguridad. “Ahora, ¿quién podrá defendernos?”, dijo sarcástica y justificadamente uno de los asesores participantes en la reunión.

Y, de acuerdo a la moda, evoco también el discurso cuatrienal del comercio futbolístico, que escucho desde que tengo mediana razón, el cual invariablemente propone un cambio que acaba desembocando en las acciones de siempre.

Quizá las transformaciones de verdad, en todos los ámbitos, empiezan por recobrar el pudor; es decir, por recuperar la vergüenza y modestia que lleva a renunciar a los halagos que se recibe como imaginario rey, para buscar los resultados que se obtienen como real trabajador.

El mal político, el mal ciudadano y el mal equipo desaparecen el dinero ajeno y la vergüenza propia.

Si el cínico dice que nadie sabe lo que gana cuando pierde la vergüenza, ¿cuánto evitará perder el honesto cuando detenga al sinvergüenza?

México, el país de la paradoja continua, donde lo que aparece no siempre es lo que parece.
riverayasociados@hotmail.com


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