Opinión

Desigualdad social y entre naciones, origen de retos globale

Desigualdad social y entre naciones, origen de retos globales

El Foro Económico Mundial tuvo lugar la semana anterior, reuniendo como es de costumbre a líderes de la iniciativa privada y gobiernos, con el fin de dialogar sobre los principales retos económicos globales, y proponer soluciones para el desarrollo. El título que los organizadores asignaron para esta edición 2023 fue: Cooperación en un Mundo Fragmentado.

Durante la primera ponencia para iniciar la reunión, vale la pena mencionar los tres aspectos que se refirieron como los principales retos globales. Primero, una “profunda transformación de la economía global”, derivada por ejemplo de la reconfiguración de las cadenas de suministro, o producto de nuevas fuentes y tecnologías energéticas, y a la vez, condiciones desfavorables de alta inflación e incremento de deuda de algunos países, que resulta en una “acelerada fragmentación social” por afectar a los grupos más vulnerables, así como a la clase media.

Como segundo reto se señaló una “profunda transformación geopolítica” que provoca “confrontación y fragmentación” entre potencias globales, potencias regionales, y poderes fácticos como por ejemplo grandes corporaciones y medios de información.

Finalmente, se identificó como tercer reto a los “problemas existenciales” sociales, exacerbados por condiciones de pobreza extrema, desastres naturales, y pandemias, entre otros.

Adicionalmente, se hizo referencia al crecimiento de la desigualdad de riqueza y ecológica. Inclusive, el Secretario General de la ONU también tuvo una participación durante el foro, y en repetidas ocasiones de su discurso mencionó la frase “frustración y enojo” para describir lo que la mayor parte de la población vulnerable global experimenta ante la creciente desigualdad. Se mencionó también que hace 10 años, el 50% de la población mundial vivía bajo un régimen democrático, mientras que hoy se estima que sólo es así para el 20 por ciento.

Entre las conclusiones de la ponencia de apertura, se enfatizó que los problemas que experimentan los “Estados frágiles” no se limitan a sus fronteras, sino que son “exportados” a países vecinos e inclusive otras regiones a través de la migración. Ante dicho contexto, los organizadores del foro invitaron a los líderes a construir una economía global más sustentable, así como una sociedad con mayor inclusión y cohesión social a través de brindar las habilidades y oportunidades a todos los ciudadanos, bajo condiciones de mutuo respeto y cooperación entre los países.

Mi análisis y prospectiva: Un aspecto destaca como origen y factor común de los retos mencionados, la marcada y creciente desigualdad social y entre naciones. Sus efectos no sólo han impactado en el plano económico, sino también en los sistemas de gobierno.

Una de las razones por las cuales, como estiman los especialistas, se han reducido las democracias a nivel global, es precisamente por no combatir la creciente desigualdad, pues ante la constante “frustración y enojo” de los más vulnerables que refiere el secretario general de la ONU, la sociedad opta por apostar a un cambio y elegir a líderes con tendencias radicales y antidemocráticas que ofrecen hacer justicia. Adicionalmente, al menos dos factores están incrementando la brecha de desigualdad entre naciones. Uno es, en el corto plazo, los cada vez más frecuentes y extremos desastres naturales que arruinan las finanzas y pronta recuperación de los países en desarrollo; y el otro, en el mediano y largo plazo, los países desarrollados que ofrecerán energías renovables a menores costos para beneficio de su sociedad y entes productivos.

El gran reto para potencias globales y organismos internacionales será garantizar el desarrollo de todas las naciones, para evitar los llamados “Estados fallidos”, dictaduras, y simulaciones democráticas que finalmente repercuten a nivel global. Por ello, la generación de riqueza debe obedecer a las reglas y condiciones del mercado, mas la provisión y garantía de derechos básicos como la educación y seguridad social (e.g. salud, pensión), deben anteponerse como servicios fundamentales de las naciones para sus ciudadanos; de lo contrario, la desigualdad seguirá creciendo.


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