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El momento presente

Una mente despejada

El momento presente

Vivir mentalmente nublado nos lleva a perdernos maravillas que nos hablan momento a momento

La mañana de antier me desperté con un pensamiento totalmente involuntario, ya que fue precisamente el momento de transición entre que estás dormido y te vas despertando, ese momento breve donde no hay ego, donde no hay ruido mental, solamente consciencia que se va reconectando con el nuevo día.

En ese preciso momento el pensamiento que se generó fue “la felicidad es nuestra naturaleza, es como el sol que siempre está presente, pero se ve oscurecido por los nubarrones de los pensamientos del pasado y el futuro”.

¿Yo lo pensé? ¿El pensamiento llegó a mí? ¿Hay un “mí” realmente más allá de la creencia de que lo hay? La verdad es que las cosas suceden como parte de un gran orden que desconocemos y que nuestro cerebro trata constantemente de ajustar a sus conveniencias, pero más allá de eso, dicho pensamiento me sirvió para comprometer a mi cerebro a que, al menos ese día vivir sin nublarme. 

Lo explicaré a detalle. Hace trescientos mil años los primeros pobladores humanos como hoy nos conocemos, llamados homo sapiens sapiens, hicieron su aparición y durante miles de años nuestros antepasados directos tuvieron que vivir en un entorno totalmente agreste.

En dicho entorno sumamente hostil tuvieron que vivir durante miles de años en un “modo supervivencia”, constantemente alertas, con una profunda y arraigada desconfianza momento a momento. Si escuchaban un crujir de ramas, un rodar de piedras, un volar de aves, lo más prudente era creer que se trataba de la llegada de un oso, un tigre o un león y en ese momento emprender, aún sin comprobarlo, la despavorida huida.

Si alguno de los integrantes de un grupo de exploración se quedaba a ver qué producía ese sonido, difícilmente lograría vivir para contarlo. Aunque pongo el ejemplo de cómo vivían estos seres humanos prehistóricos para hacer más fácil de imaginar la adversidad y los riesgos, la verdad es que, durante siglos y siglos nuestros antepasados vivieron en entornos muy desfavorecidos, sin la tecnología y confort que hoy muchos tenemos.

Eso provocó que la mayor parte de su atención se enfocará en los riesgos y no en las venturanzas, pero si tú, lector, no vives en una zona de guerra, si no vives en una colonia donde impere el vandalismo y los capos controlen el mínimo movimiento, si tú o un familiar cercano no viven una enfermedad grave contra la que estén luchando o si no estás en un estado de hambruna o indigencia que te lleve a luchar por sobrevivir, tal vez podrías darte cuenta que los pensamientos/nubarrones de un pasado desfavorable o un futuro incierto te impiden disfrutar de lo que en este momento la vida te regala.

Hasta el siguiente momento presente.                            

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