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A los fiscales del caso Debanhi

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A los fiscales del caso Debanhi: la verdad exige ser transparentes

La incompetencia de una fiscalía no consiste en no poder aclarar un crimen.

Hay múltiples factores por los cuales el culpable de un homicidio no será descubierto. 

La incompetencia de una autoridad estriba en que no cumpla con los protocolos respectivos, uno de ellos: informar. 

Cada caso en materia de seguridad se investiga apelando al sigilo. Esto no obsta para que se comunique el procedimiento conducente a los familiares de las víctimas, a la opinión pública, y a otras instancias de gobierno. 

Añadamos otro tipo de incompetencia: la que deriva de errores en el protocolo. 

En este aspecto nada tiene que ver la comunicación institucional, que es simplemente un medio. Sin contenido adecuado, el medio se queda vacío, mudo, en silencio, aunque profiera carretadas de palabras. 

¿Hubo fallas en el proceso de investigación del caso de Debanhi Escobar? Sí. Y se trata de errores que no podrán corregirse ni enmendarse. 

Las redes sociales detonan rumores y chismes infundados. 

Ahora bien, los chismes, los rumores, las especulaciones sin fundamento, son parte de la sociedad. La raíz etimológica de comunidad es la misma que la de comunicar. 

Lo que hacen las redes es exponenciar lo que se dice o se especula entre vecinos. ¿Qué es La Celestina sino una tragicomedia sobre el chisme y diversas versiones de un mismo escándalo? 

Dicho de otro modo, si la Fiscalía informa de forma reticente, con evasivas y disimulos, la gente sospechará que oculta información. Y la culpa no será de la gente. 

Si se cuenta con los videos de las cámaras de grabación no es óptimo difundir su contenido de forma instantánea, pero basta que se diga que ya se cuentan con esos videos. 

Si se hace la revisión de un motel o de una quinta hay que decir que se hallaron tales o cuales indicios mientras no obstruyan el seguimiento puntual de la investigación. 

Cuando no se informa a la opinión pública los avances de estos procesos, no campea la prudencia. Prenderá más bien una caldera para hervir sospechas. 

Y peor: si la Fiscalía se desdice y un día dice una cosa y al día siguiente lo contrario, generará un clima de incertidumbre. 

Esto se agudiza cuando un caso se vuelve mediático. La Fiscalía debió informar diariamente sobre los avances del caso. Hay veces en la que no te queda de otra. Pero los poderes públicos no nos protegen unos de otros, sino que se protegen cada uno de ellos. ¿Por qué el Congreso del estado no pidió la comparecencia del fiscal? 

Transmitir información también incluye aclarar información. Esclarecer infundios. Revelar lo que es y lo que no es. 

De otra manera el silencio se vuelve marejadas de desconfianza y de sospechas que arrasan con todo lo que huela a verdad. 

En un audio que difundió directamente el chofer de DiDi donde viajaba Debanhi (y al que la Fiscalía no aludió), se escucha decir a la víctima: "Mis papás merecen la verdad, la verdad, la verdad". 

Los ciudadanos de Nuevo León también merecemos "la verdad, la verdad, la verdad". 

La incompetencia de la autoridad contribuye a la mentira. 

El silencio es una variante de la mentira. 

La información postergada es otro recurso de la mentira. 

El sentirnos desamparados ante los titubeos, las largas pausas y la falta de coherencia de una autoridad abona a la mentira. 

No es esa la procuración de justicia que queremos para Nuevo León.

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