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Política e Historia

Actitud machista

Política e Historia

Actitud machista

La visita del mandatario a la casa blanca me obligó a releer algunas páginas del libro de Samuel Ramos sobre la psicología del mexicano.

En este libro describe en mucho la personalidad de los connacionales y cómo tenemos muy particulares características frente a circunstancias específicas.

Por ejemplo, somos proclives a mentir frente a condiciones donde se nos responsabiliza de algún hecho, siempre buscamos un responsable ajeno a nosotros para evadir la responsabilidad. Es muy fácil para usted, amable lector, comprobarlo, siempre hay una excusa para todo. Yo uso un ejemplo personal, pregunte a alguien quien choca de quién es la responsabilidad y verá que el que platica siempre es víctima.

Otra de las características es que queremos el éxito sin el esfuerzo que conlleva la superación; esto se ha acentuado con las nuevas generaciones quienes viven en la inmediatez, quieren autos lujosos y placeres de los adultos, pero sin esperar el tiempo que llevó a la generación anterior el poder adquirir esos privilegios.

Otra característica es la personalidad machista, esa que se adquiere por culpa de la formación o malformación de las madres y padres. 

En la personalidad machista destaca la persona que es valiente frente a los débiles, sean la pareja, hijos, subordinados, colaboradores o simplemente en la calle con todos aquellos a quienes ve en inferioridad de circunstancias, sea física, económica o de poder la condición de superioridad en la cual se encuentra la persona.

Esto se nota en las fuerzas armadas, cuando portan el arma, su personalidad es frecuentemente más arrogante; siempre se ha dicho que una placa cambia la personalidad de quien la porta.

Esto viene a colación porque nuestro mandatario fue a la Casa Blanca a entrevista como jefe de Estado con el presidente de EUA, ahí mostró características de esa personalidad machista a la cual hago referencia.

Por supuesto no la de quien se siente encumbrado o poderoso, sino la personalidad antagónica, la sumisa, la del sometido quien se sabe inferior en circunstancias frente al poderoso.

Las imágenes que circularon recuerdan a tanto "valentón" quien amenaza, agrede, violenta en el hogar, pero al salir a la calle, frente a otros iguales o en condición de superioridad, es sumiso, hasta indigno.

Nuestro representante en el país del norte mostró que es "valentón" en el país, donde tiene el poder de las instituciones, donde la investidura oficial le reviste del poder, como sucede con algunos policías cuando portan uniforme y placa, pero que al despojarse de esa vestimenta son sumisos.

Fue de pena el lenguaje corporal, el kinestésico o no verbal. Sus manos, pies, encorvamiento, rictus del rostro y otras formas de lenguaje mostraron que se sabía débil, en desventaja. Esto quedó demostrado en dos momentos: cuando arriba a la Casa Blanca y entra sin el recibimiento que se le da a un jefe de Estado y cuando en sus declaraciones ofrece venderles a los vecinos del norte gasolina comprada a ellos, pero más barata porque llevan subsidio del dinero mexicano.

Sin duda, Samuel Ramos no se equivocó, los mexicanos cargamos, como dice el autor, culpas de origen, algunas desde las épocas prehispánicas y otras surgidas por el sometimiento en la colonia y el virreinato.

Ojalá el jefe del Estado mexicano haya notado esto y entre en un proceso de reconstrucción personal, que descubra que no necesita maltratar a los mexicanos en las mañaneras para saberse importante, que entienda que podemos cohabitar sin violencia pues al final de cuentas somos paisanos.

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