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Cancionero

Acuérdate de que eres mortal

Cancionero

El anuncio del presidente López Obrador de que ha sido contagiado del coronavirus –con síntomas leves– fue sorpresivo pero no inesperado. La actitud de López Obrador rechazando todo procedimiento científico para evitar contagio y difusión de la pandemia no solamente causó rechazo de la gente que considera a los jefes de Estado como personas ejemplares cuya conducta debe ser reproducida por todos. 

A una inmensa mayoría les convenció de que más tarde o más temprano las oraciones de detente, los escapularios, o la fuerza moral que le atribuyó López-Gatell iban a ser impotentes para salvar a López Obrador del contagio. Especialmente con sus afanes de contacto directo con el “pueblo bueno”.

Hay un síntoma peor, la carencia de verosimilitud del anuncio. En el peor de los abismos de la pandemia, con cifras récord todos los días de contagios y decesos, políticamente podría ser muy benéfico para el Presidente un perfil de víctima de aquello que nos tiene asustados a todos. Se han manipulado torpemente los datos sobre el curso de la pandemia, la disponibilidad de hospitales y camas o la esperanza de vacunas o remedios, pone en duda todos los mensajes presidenciales.

Para decirlo de otra manera: los mexicanos creemos el anuncio de Carlos Slim Domit de que su padre está evolucionando favorablemente a los síntomas del Covid-19, que padece desde hace más de una semana;  del anuncio similar de López obrador  harto dudamos.

Fuera de lo que pueden difundir en las “benditas redes sociales” algunos orates deseándole mal al presidente, es obvio que todos los mexicanos esperamos su pronto restablecimiento, a la vez que una corrección de rumbo en la política sanitaria frente al mal que trae de cabeza al mundo.

Sin embargo, más allá de los chismes que pululan en los teléfonos celulares, el asunto del malestar presidencial pone de relieve dos asuntos de grave trascendencia. Primero, la inevitabilidad de la muerte, que es la única certeza que podemos tener todos en este mundo. Es bien sabido el papel del esclavo que caminaba al lado del César, muy cercano a su oído, y que se ganaba su libertad recordándole incesantemente ante las frases de adulación y gloria que le prodigaban los romanos “acuérdate de que eres mortal”.

En segundo lugar algo que se nos olvida con más frecuencia que nuestra condición de mortales: el derecho que todos los ciudadanos, de todos los países, tienen de conocer plena y cabalmente el estado de salud de sus mandatarios.

Hace muchos años, la muerte de Stalin se mantuvo en secreto por varios días, mientras las luchas intestinas en el buró político del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética decidían la sucesión en el supremo poder. El mundo no tenía ni idea del mal de Stalin hasta 10 días antes de su muerte y solamente se esperaba el anuncio oficial para publicar el histórico encabezado mexicano “Ya”, para confirmar la muerte del dictador.

Los países desarrollados tienen sistemas para enterar a los gobernados de las enfermedades, accidentes o tratamientos a los que se someten los del poder. En algunos son disposiciones legales.

En México la salud de los presidentes se mantiene en la mayor secrecía; por eso se pone en duda cualquier afirmación de que se encuentran en perfecto estado de salud. Una operación glandular de Enrique Peña Nieto soltó hace unos años el rumor de que estaba muriendo de cáncer.

Lamentablemente, eso está sucediendo con el padecimiento del presidente López: no sabemos nada y creemos muy poco. Nada bueno para un país tan dolido.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: ¿cómo puede comprometerse a recibir la vacuna rusa Sputnik, que no ha pasado el mínimo escrutinio mundial sobre su efectividad y confiabilidad? Ha de ser por la política. 

felixcortescama@gmail.com

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