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Opinión

Adiós pandemia

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Adiós pandemia

Así como comenzó, la pandemia del Covid-19 está por terminar.

Seguimos sin saber a ciencia cierta, cuál fue la causa y el origen de tan ruinoso factor irrupción de la salud y que causó grandes males a muchos y grandes bondades a pocos.

La caracterización de pandemia significa que la epidemia se ha extendido por varios países, continentes o todo el mundo, y que afecta a un gran número de personas, por lo que la discusión sobre si era o no una pandemia, quedó rebasado desde hace tiempo y, sin embargo, no afectó a todos por igual.

Empleos perdidos, empresas quebradas, locales comerciales vacíos, restaurantes hundidos en la incapacidad, cines sin uso, salones de fiestas que dejaron de serlo, oficinas que se redujeron en tamaño y en alcance, bodas en solitario y casas que se rehabilitaron o transformaron en escuelas y oficinas. El saldo hasta ahora ha sido devastador para millones de personas.

A dos años de su aparición, el Covid-19 mostró la incapacidad de una sociedad y sus gobiernos para enfrentar la crisis sanitaria, pues podemos hoy catalogar las acciones ejecutadas y darnos cuenta de lo vanas e ineficaces que terminaron siendo algunas de las difundidas.

¿Sabe usted cómo se determina si nuestra entidad está en verde, naranja o amarillo en el semáforo del Covid?, pues es un poco ridículo, pero muy real. A los gobiernos y sus autoridades sanitarias se les ocurrió que un estado está en verde si tiene camas suficientes para atender a los enfermos, en naranja si está cerca del límite y en rojo si se acabaron las camas de hospital en las cuales colocar a los afectados por el Covid.

Y como reza el refrán, “Para uno que madruga, otro que no duerme”. Gobiernos estatales del sur y sureste de México habilitaron estacionamientos de los hospitales, pusieron en ellos un montón de camas y… Asunto arreglado, estaban en verde, sin importar si tenían cero equipamiento o personal capacitado.

No todo es malo, pues la industria de los medicamentos se fortaleció como hacía muchos años no lograba y los negocios multimillonarios fueron altamente apoyados por los gobiernos, tanto de izquierda como de derecha.

El común denominador de las enfermedades fue el miedo. Miedo que como ingrediente de inestabilidad individual y colectiva le dio su mejor impulso al llamado “bicho”.

Cuando apareció la pandemia de la fiebre española en 1918, no había antibióticos que se conocieran para combatirla y con ello se desató la muerte de 40 millones de personas en muchos países.

Por aquel entonces se haría popular la máscara de tela y gasa con las que la población se sentía más tranquila, aunque fueran del todo inútiles. Igual que ahora cuando se hace mal uso de esta. Vi como personas se las alejaban para estornudar o toser en libertad, cuando esa era la función primordial: evitar la transmisión por saliva o mucosa. Pero bueno, visualmente había una bandera para que todos supiéramos que se está haciendo algo por parte del gobierno.

Incluso dio popularidad a algunos, como “El Bronco”. Cuando su popularidad andaba en 10 puntos comenzó a decir que debíamos obedecer a la autoridad, suspendió actividades comerciales, de transporte, empleados y empleadores “congelados” y en esas acciones encontró 10 puntos adicionales que le dieron una salida a su triste papel de gobernador.

¿Hay culpables de tantos yerros?

En realidad lo somos todos. Porque la cultura que tenemos nos lleva de la mano a aceptar lo que leemos en Internet y compartimos sin verificar, es la mejor impulsora de calamidades y hasta de intimidades. Es nuestra ignorancia la que nos lleva aceptar que un estadio al 75% contagia menos que un estadio al 40% de su capacidad. ¿Según quién?

Nadie estábamos preparados para eso y ello empata con las dificultades para que resolvamos juntos los problemas. Se nos presentó el coctel perfecto: miedo, confusión, inseguridad, ignorancia, incapacidad de gobiernos, corrupción y desinformación.

Ya no es tiempo de ver culpas y males, sino soluciones y prevenciones.

Es tiempo de acabar con la separación y la antisocial distancia, así como tiempo de ver que la alegría, la sana convivencia, la higiene y mucha calma, porque estos son los ingredientes del desarrollo social y humano.

Nadie se alivia mirando al suelo y pensando que el mundo se va a acabar. Nadie logra tener salud mental mientras permanezca aislado de sus seres queridos. Nadie tiene más ganas de vivir, que aquél que disfruta de su espectáculo favorito, de trabajar donde quiera, de saborear su comida predilecta, ver su paisaje exterior cotidiano y su disfrute de ir con libertad a donde le plazca.

Mi pronóstico es que dentro de tres a cinco meses, la pandemia dejará de serlo, para dar paso a la vieja normalidad en la que se disfrute de la vida así, sin adjetivos.

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