OpenA
Siete Puntos

¿Agradecer sin exigir?

Siete Puntos

¿Agradecer sin exigir?

1. Cuando creció la cultura del control total de calidad, y de la mejora continua, en empresas e instituciones, religiosas incluidas, los prestadores de servicios cobramos conciencia –si es que no la teníamos ya– de que era fundamental, por respeto a la persona o, con intenciones más pragmáticas, para no perder clientes o fieles, ofrecer productos, tiempos o ministerios perfectos o casi. Esta actitud hizo que se llevaran a cabo protocolos estrictos de excelencia, potencializando las capacidades y profesionalizando al máximo las tareas.

2. Pero, cuando el que se esmeraba en ofrecer un servicio de absoluta calidad se convertía en cliente, demandaba a su vez el ser tratado con la misma nobleza que él otorgaba. Nos volvimos, pues, muy exigentes, lo que no significa groseros. Si voy a un restaurante, y pido unas quesadillas en tortilla de harina –por las que voy a pagar–, si me las traen en tortillas de maíz creo tener el derecho de solicitar que me las cambien, y que se atienda mi solicitud tal y como fue hecha. No tengo, sin embargo, la prerrogativa de ofender al mesero por su equivocación.

3. En todo esto pensé el pasado lunes cuando, en “la mañanera” escuchamos un nuevo ataque a las clases medias, con su respectivo elogio a la pobreza. Se dijo: “Los pobres son muy agradecidos. Un aspiracionista va a vacunarse y llega enojado… regaña a las enfermeras… (el pobre) va tranquilo, lo vacunan, ¡muchas gracias! Y hasta una bendición”. Más allá de la generalización impropia, pues no todos los clasemedieros son regañones ni todos los pobres reparten bendiciones, lo que llama la atención es el veto al reclamo que está detrás,…

4. … y el mensaje subliminal, y quizá no tanto, de que los pobres, el pueblo, es bueno y sabio en la medida en que no protesta, en que acepta sin chistar las dádivas que papá-gobierno le ofrece, así sean a destiempo, con mala organización y en condiciones sumamente incómodas. Tal bondad equiparada a sumisión es la que se esgrimió durante siglos para calificar a las mujeres, sobre todo a las esposas, que en la subordinación y mansedumbre basaban su virtud. Esta mentalidad, ya muy superada, parece reinar en Palacio Nacional…

5. … pero ahora para infantilizar a los pobres, al pueblo, y negarle su capacidad crítica, su análisis de los hechos, su réplica ante lo que no está bien. Señalar errores o deficiencias, por más que se haga de manera delicada pero puntual, parece un agravio para el actual equipo gobernante, olvidando que muchas veces gracias a las críticas bienintencionadas es como se puede mejorar. Negarse a escucharlas es pavimentar el camino para un autoritarismo cada vez más evidente, para un liderazgo muy deficiente.

6. En un mundo en el que los ciudadanos se empoderan de manera exponencial, y en el que quien recibe un servicio expresa su inconformidad si éste no le satisface, bien haríamos en analizar las críticas de lo que ofrecemos, para incrementar la calidad de nuestras propuestas. Y más si esas quejas provienen de simpatizantes, que no quieren desilusionarse de lo decidido hace ya casi tres años. No todo crítico es adversario y, mucho menos, enemigo. Así como lo cortés no quita lo valiente, se puede reclamar sin dejar de amar.

7. Cierre ciclónico. Pues si acá no nos gustan los migrantes, salvo que sean sajones y vengan a dejar dinero, en España, el partido político Vox, de extrema derecha, se opone a que su país acoja a los afganos que huyen del régimen talibán… excepto si son cristianos. Con visión geopolítica, sugieren que los demás civiles de Afganistán deben ser acogidos por los países musulmanes vecinos. Hay de racismos a racismos. Si acá rechazamos a los hondureños y salvadoreños, allá a los seguidores de Mahoma.

papacomeister@gmail.com

×