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Latitud

Algún día, en Monterrey, las flores florecerán

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Algún día, en Monterrey, las flores florecerán

La canción Hana wa saku (las flores florecerán) se dedicó a las víctimas del terremoto en Japón, el 11 de marzo de 2011. El tsunami que provocó ese temblor junto con el desastre nuclear en Fukushima ha sido una de las peores tragedias del planeta. 

Yo aprendí a tocar al piano Hana wa saku y la interpreto cada vez que sufrimos un desastre colectivo, tanto en Monterrey como en cualquier parte del mundo; lo mismo en el caso triste de la pandemia como en la preocupante crisis del agua que padecemos. 

La letra de la esta canción es bellísima; desconozco el idioma japonés, pero basta leer la traducción al español para saber que ofrece un remanso de paz: "Recuerdo con nostalgia aquel pueblo. / Había un sueño que quería cumplir. / Ahora sólo recuerdo con nostalgia / a aquella persona que se fue. / Puedo escuchar a alguien cantando / está animando a otra persona. / Puedo ver la sonrisa de alguien / al otro lado de la tristeza. / Para ti que nacerás algún día / una flor florecerá". 

El pasado 31 diciembre de 2021, el ex primer ministro de Japón, Shinzo Abe, interpretó al piano Hana wa saku, como regalo a todos aquellos que han sufrido a causa de la pandemia. 

Ya no era primer ministro. Había dejado el cargo en el año 2020. Los motivos que dio fue que padecía una colitis ulcerosa. Pienso que los motivos fueron otros. Los analizaremos en otro artículo. 

Shinzo Abe subió a YouTube su versión al piano de Hana wa saku. Se volvió viral, sobre todo en su patria, Japón. 

Entonces se me ocurrió la peregrina idea de poner el celular a un lado del piano de mi casa. 

Me di cuenta que Shinzo era tan mal pianista como yo. Pero imaginé que ambos tocábamos al mismo tiempo esta melodía. Me dio una enorme sensación de paz. 

Apenas unos meses después, el pasado 8 de julio, Shinzo Abe daba un discurso en público, a la salida de una estación del metro, en la ciudad de Nara. A la vista de todos, un maldito cobarde le soltó dos balazos en la espalda. Shinzo Abe murió casi en el acto. 

Desde entonces, algunas noches, mientras duermo, escucho a una especie de ángel con unas alas enormes cantar Hana wa saku. No canta para Shinzo Abe. Canta para quienes seguimos vivos y porque algún día las flores florecerán.

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