OpenA
Las cartas sobre la mesa

Anda y haz tú lo mismo

Las cartas sobre la mesa

Anda y haz tú lo mismo

Las renovaciones en nuestra vida son una constante, vivimos actualizándonos y renovándonos en mu-chos temas de nuestra cotidianeidad, qué importante es hacerlo en la vida espiritual. Las renovaciones no son exclusivas de tiempos especiales, sino de todos los días. Por eso, el autor del libro del Deuterono-mio nos pone la invitación de Dios a renovarnos interiormente conociendo y viviendo la Palabra de Dios. "Mi Palabra está a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirla". 

Pablo, en su Carta a los Colosenses, dirá de forma muy similar, compartiendo su experiencia de Jesús, "Ese Jesús es Dios entre nosotros y está a tu alcance". Lucas en el Evangelio nos pone delante de una respuesta importante de Jesús, escenificada en el comportamiento del sacerdote, del levita y del samari-tano. La vida eterna la alcanzaremos en la medida en la que tengamos una fuerte capacidad de compasión y generosidad para con los que nos necesitan. Y escuchar la Palabra es escuchar en serio lo que Jesús nos dice: "Anda y haz tú lo mismo".

El buen samaritano es Jesús. La parábola del buen samaritano no es sólo un tesoro cristiano, pertenece a la riqueza de la humanidad. Cabe destacar que no es una parábola hecha vida, sino una vida hecha pará-bola, y por eso se puede decir que el buen samaritano es un seudónimo de Jesús. A la pregunta del es-criba sobre quién es su prójimo, Jesús habría podido responder directamente: "Yo soy"; prefirió, sin embargo, escoger el camino parabólico y hacer de la narración un espejo de su existencia, enteramente entregada al hombre por amor. Verdaderamente Jesús es el prójimo de todo hombre, es decir, cercano, accesible, disponible, acogedor, próximo en cualquier situación o circunstancia humanas. Una perspec-tiva interesante para leer los evangelios podría ser ésta de la proximidad, adoptando como punto de par-tida el gran misterio de la encarnación, por la que Dios se hace próximo al hombre en Jesús de Nazaret. Jesús está próximo a los niños, a los enfermos, a los discípulos, a los inquietos, a los poderosos, a los pobres y necesitados, a todos. La proximidad de Jesús al hombre forma parte del misterio de la encarna-ción y del nacimiento.

Jesús es Palabra cercana. Para el Deuteronomista la Palabra es la revelación de Dios primeramente en el Sinaí y ahora en la llanura de Moab. Una revelación divina que no es algo principalmente extrínseco, sino que realmente es una Palabra interior, de la que todo seguidor de Jesús se apropia hasta llegar a ha-cerla suya. Una Palabra y una revelación que adquieren rostro y nombre propios en Jesús. Él es la Pala-bra hecha carne. Él es la Palabra que resuena en todas las palabras de la Biblia. Él es la Palabra que, por obra del Espíritu Santo, se adentra en el alma del creyente hasta anidar en ella, convirtiéndola en su mo-rada. Está en nuestros labios la Palabra, porque cuando leemos la Escritura leemos a Jesús en ella. Está en nuestro corazón, porque la Palabra no es un sonido hueco, sino una persona, a la que se conoce y ama en la intimidad, por la vía del corazón. Para un cristiano, esa palabra cercana e interior, que está en sus labios y en su corazón es Jesús. Él es la Palabra que nos aproxima al conocimiento y a la intimidad de Dios, que nos aproxima al verdadero conocimiento de nosotros mismos y del sentido de toda la crea-ción.

Anda y haz tú lo mismo. Jesús es el buen samaritano, es el hombre más próximo a todo hombre y a to-dos los hombres. La grandeza de la vocación cristiana está en que Jesús no nos dice: "ve y enseña tú lo mismo", sino "ve y haz tú lo mismo". Como nos dirá Santiago: "La fe sin obras es una fe muerta". Hoy cada cristiano es llamado a repetir a Jesús en su vida, a hacer del buen samaritano un propio seudónimo. Jesús dice a algunos cristianos: "Haz tú lo mismo en tu casa: con tu mamá que está enferma; con tu ve-cino, que es anciano y no puede valerse por sí mismo para muchas cosas; con tu hijo que tuvo un acci-dente y habrá de vivir el resto de su vida en silla de ruedas". A otros cristianos Jesús dirá: "Ve y haz tú lo mismo cuando vas por la calle, dando limosna con gusto a quien te la pida, informando amablemente a quien te pregunta por una dirección o por el nombre de un negocio; ve y haz tú lo mismo cuando vas en el autobús o en el metro, cediendo el asiento a los ancianos, a las madres con niños pequeños, a los minusválidos, siendo respetuoso y dueño de ti mismo cuando el autobús va a tope y te empujan por to-das partes o incluso intentan robarte". Haz tú lo mismo: esta frase la deberíamos tener presente en nues-tra mente y en nuestro corazón a lo largo de todos los días. Una frase que posee un potencial enorme de creatividad y de impulsos nuevos a la acción en favor de nuestros hermanos los hombres. Haz tú lo mismo: esta sola frase es capaz de inventar el futuro, de fraguar un mundo nuevo y mejor. ¿Cuántos cristianos haremos caso? Estos tiempos complicados, difíciles y turbios, son oportunidades únicas que la vida nos pone para renovarnos, escuchando la Palabra, fortaleciéndonos con la Palabra y poniéndo-nos en marcha a ser buenos samaritanos como Jesús nos pide, "Anda y haz tú lo mismo".

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, ruega por nosotros.

×