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Opinión|Apogeo y ocaso

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Apogeo y ocaso

No es casual que Delfina Gómez (59 años) sea la candidata de Morena para el gobierno del Estado de México. Tampoco lo será que Armando Guadiana (76) pierda en Coahuila la nominación. Ambos compitieron por las gubernaturas en 2017, pero Delfina estuvo a 2.8 puntos de ser electa, y Guadiana a 27. Otra diferencia es que la exsecretaria de Educación ganó la alcaldía de Texcoco, y el senador perdió la de Saltillo de manera abrumadora; una más, Gómez era la favorita del presidente Andrés Manuel López Obrador, y el empresario del carbón no lo es.

Delfina Gómez también ha sido diputada federal, senadora y coordinadora de los programas de desarrollo de la 4T. La carrera de Guadiana se limita a una diputación local (1973-1975) y al escaño en la Cámara alta. Los 45 años que permaneció fuera de la política los dedicó a los negocios. En una entrevista con la revista Contralínea (11.12.11), Guadiana reconoció haberle inyectado dinero a la campaña de Humberto Moreira a través del PRI.

Lo hizo, declaró a la periodista Nancy Flores, “porque soy integrante del partido y, en alguna medida, sí lo apoyamos. Inclusive yo voté por Humberto Moreira cuando la elección. Los primeros meses de su gobierno realmente estaba viendo, así como hablamos en el mundo de los toros, que este muchacho iba a salir por la puerta grande. Era un trabajo intenso el que estaba realizando, pero luego se fue perdiendo en el gasto exagerado y cayó en esto (el endeudamiento)”.

Sin embargo, pasaron cinco años para que Guadiana denunciara el desorden financiero del estado y la deuda por $40,000 millones de pesos. Reaccionó cuando Humberto Moreira –a quien calificó, lo mismo que a su hermano Rubén, de “vergüenza nacional”– ya no era gobernador, sino presidente del PRI. En un desplegado previo a las elecciones de gobernador de 2011, reprochó que “Manlio Fabio Beltrones, Enrique Peña Nieto, Beatriz Paredes Rangel y muchos más que anteriormente, han enriquecido el quehacer ciudadano, hayan permitido que llegase a la presidencia de nuestra organización política el ahora líder nacional, Humberto Moreira”.

Guadiana renunció al PRI en 2012 frente al entonces candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador. “No quiero seguir formando parte del partido político de hombres como Humberto y Rubén Moreira. No quiero formar parte de un partido político cuyo candidato presidencial (Peña Nieto) es sólo un producto de la mercadotecnia”, leyó en rueda de prensa. El industrial denunció ante la PGR a los Moreira por la megadeuda, pero después se olvidó del asunto. En julio de 2016 viajó a La Haya para acusar ante la Corte Penal Internacional al gobierno de Coahuila por crímenes de lesa humanidad, cometidos en los sexenios de Humberto y Rubén Moreira. Las masacres de Allende y Piedras Negras permanecen impunes.

Pero mientras la estrella política de Delfina Gómez sigue en ascenso, la de Guadiana se eclipsó. El crítico del “moreirato” se apagó y empezó a dar palos de ciego. Después de levantarle el brazo a la panista Xóchitl Gálvez, aspirante a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, intentó corregir la metedura de pata. En un mensaje ramplón y con la fotografía del presidente López Obrador a sus espaldas, pidió unidad en Morena mientras sus asesores dividen. Gómez está en vías de ser la primera gobernadora de Edomex y de sepultar al PRI en su bastión más importante. En Coahuila el delfín de AMLO es otro, no Guadiana.


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