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Distrito Cultura

Arte tras las rejas

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Arte tras las rejas

Identificar y apoyar proyectos creativos dentro de reclusorios o centros de rehabilitación, puede ser el camino correcto para mejorar como sociedad. 

Hace algunas semanas leí sobre un proyecto llamado Prision Art, que como su nombre lo dice, hace arte en la cárcel. La historia es digna de contarse: Ésta comenzó cuando un empresario terminó tras las rejas por una demanda en la que perdió todo. 

Jorge Cueto quedó sin casa, amigos, familia y dinero, pero resultó que aplicó bien el dicho de "renacer de entre las cenizas", así estando en prisión observó que muchos presos son jóvenes talentosos que pueden crear y que eso podría ayudarles a rehacer sus vidas, incluso estando encarcelados. 

Por lo que una vez culminada su condena, emprendió un nuevo negocio. Prision Art tatúa en piel y cueros diferentes diseños e ilustraciones que luego se convierten en bolsas. Su fundador invitó a los reclusos a plasmar su talento en los tatuajes para algo más productivo que sólo rayar su piel.

Las piezas que empezaron a fabricarse resultaron tan buenas y se vendieron con tal éxito, que ahora el proyecto tiene una tienda física en la exclusiva zona de Mazaryk, en Polanco. Hasta la fecha, el dueño recluta en prisión a nuevos creadores que deseen trabajar en su empresa, lo que les sirve para contar con un ingreso económico y también como terapia ocupacional.

Lo mejor es que si cumplen su tiempo en la cárcel, pueden mantener su trabajo en Prision Art para rehacer sus vidas. 

Este no es el primer proyecto ni el único en donde reclusos hacen proyectos artísticos, pero creo que es de los pocos que ha logrado consolidarse como una empresa sólida que da empleo a personas tanto dentro, como fuera de las cárceles. 

Y, muy importante, hace cosas que alcanzan muy buen valor en el mercado. 

Sin duda es un proyecto que valdría la pena replicar en otras técnicas y ciudades... porque el talento existe. Hace algunos años, en un viaje a Guadalajara, una amiga de mi mamá que es religiosa nos regaló un cuadro con la imagen de San José, pero lo más impresionante es que tiene un marco hecho de madera tallada, hermoso.

Cuando le preguntamos en dónde lo había comprado, dijo que era hecho por un taller de carpintería en el reclusorio... y que el costo era muy bajo, casi casi simbólico. 

Estos talleres también existen en centros de rehabilitación, en donde la arteterapia funciona como terapia ocupacional y los internos pueden hallar una nueva perspectiva en la pintura o la escultura, que tal vez sólo necesite un empujón para convertirse en un proyecto de vida. 

El arte transforma vidas, definitivo. ¿Se imaginan qué pasaría si los penales fueran realmente centros de reinserción o rehabilitación? ¿Si el talento que existe tras sus muros pudiera apoyarse para ser bien encausado? Creo que tendríamos una mejor sociedad. 

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