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Bipolaridad educativa

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Recibí dos mensajes interesantes, de un par de colegas y amigos, relacionados con el comportamiento negativo que tienen las personas que están en los extremos del nivel económico, educativo y social, los cuales comparto con ustedes para nuestra mutua reflexión.

El primer mensaje se inicia con una descripción de lo que estuvo ocurriendo en muchas ciudades mexicanas, incluido nuestro querida Monterrey: “La calle está sola, la gente está en casa temerosa, los negocios cierran y el desempleo cunde por todos lados. Algunos empresarios se han puesto a salvo en el país vecino, otros emigraron al sur. Este fin de semana tuvimos 27 muertos en 24 horas”.

Pero mi colega incluye una pregunta esencial en el análisis de nuestra problemática de seguridad: “¿Qué debe pasar para que un hombre normal se transforme en una bestia como éstas? Quienes han visto a estos sicarios los describen como gente joven de 15 a 25 años”, auténticos depredadores de su propia especie, diría yo, pero lo esencial lo presenta mi colega con la siguientes preguntas: “¿Dónde estuvo la madre y el padre de estos niños? ¿Dónde estuvieron sus maestros? ¿Dónde estuvieron sus hermanos, sus abuelos?”.

Porque nadie, concluye mi colega, “se acuesta siendo un niño y despierta siendo un asesino desalmado; la transformación es un proceso paulatino”.

El segundo mensaje de un colega de la antigua Hojalata y Lámina describe esa transformación negativa en el otro extremo de la escala social, económica y educativa. Mi colega destaca varios casos de un comportamiento deshonesto en personas educadas en las mejores universidades de los Estados Unidos y quienes eran los responsables de la administración de empresas que recibieron un severo daño económico debido al mal comportamiento de sus altos directivos. En el caso de Enron, destaca mi colega, “da mucho qué pensar de la educación moderna universitaria, pues como bien se asentó en el informe del comité senatorial que se avocó a estudiar el caso Enron, se topó con la estremecedora conclusión de que ese tremendo fraude criminal fue causado por los presidentes y altos jefes. Este caso fue el primero de los muchos que se han descubiertos después en EUA y que han llegado a cimbrar las estructuras de las finanzas mundiales”. Pero, curiosamente, me destaca mí colega, “lo que impresionó negativamente a los legisladores era el hecho de que estos presidentes y altos jefes eran la crema y nata de los mejores y más brillantes graduados de sus universidades de prestigio, de las cuales ellos mismos eran graduados”.

Mi colega me recordó que los conceptos esenciales de la educación vienen de dos conceptos antiguos: educare y educere. El concepto de educare es el de llenar, nutrir, alimentar de conocimientos; se trata de transmitir conocimientos al individuo útiles para su vida y su trabajo, para que pueda desenvolverse por sí solo en su vida cotidiana en la sociedad y en su trabajo. Las personas nacen vacías de conocimientos, por lo que necesitan llenarse de ellos por medio de los padres y de los educadores. Los educadores puede ser cualquier persona que transmita conocimientos y saberes al individuo, sin tener que ser por ello un profesional. Es decir, los padres, por ejemplo, transmiten conocimientos a sus hijos sin necesidad de que ellos tengan una preparación o un nivel de estudios apropiado.

La palabra educere es contraria a la palabra educare y su significado es el de sacar fuera, el de conducir hacia fuera los talentos genéticos que tenemos al nacer, que curiosamente, menciona mi colega, “es lo que los maestros trataban de hacer antes de los nuevos conceptos de educación más enfocados en el educare”.  

Así el educar no debe ser sólo darle a nuestros alumnos e hijos conocimientos o información, la educación debe de incluir el “conducir hacia fuera” las cualidades positivas inherentes que nos definen como una persona de bien”. Y consolidarlas como hábitos de comportamiento en nuestros hijos y alumnos.