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Carrera por el Imperio

Combate a la desinformación en democracias, mayor riesgo y aún sin avances significativos

Carrera por el Imperio

Combate a la desinformación en democracias, mayor riesgo y aún sin avances significativos

El problema de la desinformación en las redes sociales a nivel global persiste. Los esfuerzos de autoridades por frenar a quienes llevan a cabo dichas campañas no han logrado contener los ataques. 

Especialistas consideran que los lineamientos establecidos por gobiernos, por ejemplo las nuevas regulaciones en la Unión Europea, no han tenido impacto significativo. Se registra además que la pandemia ha generado un intenso incremento de la desinformación en las redes sociales, que abarca desde controversias sobre las vacunas, hasta conflictos geopolíticos. 

Investigaciones concluyen que la desinformación se difunde más rápidamente y con mayor penetración que la información real. La dispersión de la desinformación continúa dependiendo del pago para su difusión, y de los usuarios que la comparten sin considerar su legitimidad o veracidad. De acuerdo con la Universidad de Oxford, en 2018 se habían identificado campañas de desinformación en 48 países, lo cual se incrementó a 70 países en 2019. 

Mi análisis y prospectiva: El avance y evolución de la inteligencia artificial se convertirá a la vez en un riesgo y en una posible solución. Por un lado, la inteligencia artificial aplicada a las tecnologías de información pudiera utilizarse para multiplicar el activismo de usuarios falsos, o la elaboración de videos “deep fake”, los cuales mimetizan de manera falsa supuestas declaraciones de una persona. 

Por otra parte, la evolución de la inteligencia artificial ayudará en mejorar las herramientas y procesos para detectar la desinformación y los usuarios falsos que la publicitan. Dado su bajo costo, efectividad, y anonimidad, es un hecho que las potencias globales continuarán utilizando las campañas de desinformación para confundir e incidir en los ciudadanos de países adversarios. 

Las democracias continúan confiando en el criterio de los usuarios para identificar la información falsa, evitando a toda costa debatir posibles soluciones que pudieran impactar en las libertades de expresión, por lo que seguirán siendo vulnerables hasta no encontrar los mecanismos para reducir la desinformación. 

Los países autócratas incrementarán las restricciones al libre flujo de información con posibles afectaciones colaterales a las libertades de expresión. El efectivo combate a la desinformación deberá basarse tanto en herramientas tecnológicas, como en el adiestramiento de los usuarios para identificarla. Por lo pronto, los medios tradicionales de información tendrían la oportunidad de incrementar su posicionamiento y legitimidad, si logran establecer un blindaje que aísle la difusión de información falsa de redes sociales.

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