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Crónicas de un comelón

Comida de carretera

Crónicas de un comelón

Comida de carretera

Cuando era niño, el medio principal de transporte de muchos viajes fue el carro, y sin embargo, quizás por mi edad, o quizás porque no era la práctica común, no tengo muchos recuerdos de comida "caminera" más allá del infaltable termo azul de café que tenía mi papá y de algunas menciones de un restaurante en la carretera a Torreón, de cuyo nombre ya no me acuerdo. 

Ya más grande, en un viaje "de estudios". Nos tocó pasar varios días en autobús, mientras recorríamos el trayecto entre Grambling, LA, y Washington D.C. En este viaje, las paradas sí eran más frecuentes y uno, comelón desde enano, disfrutaba de buscar nuevas cosas que probar en las tiendas de conveniencia del camino. 

Es cierto que el avión hace de viajar algo conveniente, sobre todo por el tiempo que recorta. Pero viajar por carretera también tiene su encanto, ya que nos permite disfrutar del camino de una manera distinta y con los cambios en las prácticas de las aerolíneas, se puede comer mucho mejor en viajes de carretera. 

Hay un especial placer en el simple taco de harina que acompaña muchos viajes madrugadores, de frijol, de huevo con chorizo o de otros guisos. El truco es que sean de preparaciones que no necesariamente tengan que estar muy calientes para disfrutarse. Otros, llenan las bolsas de pan de barra con sándwiches listos para ser consumidos en el camino. 

Ahora que me acuerdo, mi mamá solía preparar estas barras para los viajes. Tampoco podemos olvidar, la bonita costumbre de surtir de toda clase de botanas y golosinas para acompañar las largas horas de la carretera. 

Ahora, no todo es llevar comida. 

Las carreteras están repletas de pequeños rincones en los que vale la pena detenerse. Seguramente algunos de ellos los consideramos nuestros pequeños secretos de camino. Así, probablemente, se hicieron famosas unas ciertas tortas de Matehuala que hoy en día cuentan ya con varias sucursales. 

Hay otras, en Zacatecas, que también gozan de cierta fama y son particulares por ser de un solo tipo: Un chorizo que forman en pequeñas esferas. 

En las carreteras, encontramos también, una gran variedad de productos en venta. 

En mi último viaje, por ejemplo, encontramos muchos establecimientos en los que se podía encontrar una gran cantidad de alimentos, entre los que se contaban dulces y bebidas típicas, sal de las costas cercanas, conservas, y fruta. 

Y al decirles fruta, no se pueden imaginar la variedad y la calidad de ésta, me ha tocado ver, yaka, plátanos de distintas variedades, carambolas, piñas dulcísimas, maracuyá, sandías y pepinos. Había también artesanos vendiendo cazos de cobre y hasta una bañera. 

El camino, pues, se hace definitivamente más dulce con todos estos hallazgos y pues sí, como se dice, la vida es un camino, no un destino.  

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