Como el cangrejo


En ocasión a la próxima estancia que hará en su visita a la ciudad el presidente de todos los mexicanos, y con la esperanza que este artículo lo pueda leer aunque sea de rebotito, he de dirigirme ante él, con el honroso testimonio de nuestros lectores, para platicarle dos o tres auténticas verdades de quien más ha sufrido: mi pueblo, mi estado Nuevo León.

Y es que aunque la aparente riqueza, jauja o bonanza económica que advierte el flujo del circulante como reflejo del polo de desarrollo en el que nos hemos convertido, ha hecho pensar al resto del país a lo largo de los años que en Nuevo León somos ricos, que vivimos en la opulencia y que no tenemos grandes necesidades. Sin embargo, la verdad, la auténtica y meritita verdad, es que esto no es así.

Ciertamente, el neoleonés se ha distinguido al paso de forjar su futuro en lo próspero ante lo adverso. Lo que tiene, lo que ha aportado, lo que ha juntado, hablando de pesos y centavos, le ha costado una barbaridad que ha compartido con el resto del país y que hoy, como desde hace mucho tiempo, injustamente vemos que no ha sido valorado en su justa dimensión.

Durante los últimos y recientes años nuestra entidad tristemente ha ido como el cangrejo, caminando para atrás, y lo que en otros tiempos era un estado vigoroso, pujante y ejemplar para el resto del país, hoy se encuentra en el “limbo”, en el ostracismo, sumido en el desgano, en la apatía, la desatención y la inseguridad que ha venido a contaminar y manchar de crimen a nuestra sociedad.

Cierto es que ha sido toda una serie de circunstancias las que han hecho que Nuevo León sea hoy un estado desordenado en todos los rubros, y todas estas circunstancias tienen su origen en la corrupción, esa misma que justamente ahora se dice que se está atacando.

Pero justo es hablar con la verdad en la palabra y entre el desorden que ahora mismo padecemos, por ejemplo, hemos de reconocer que esa misma aparente riqueza y trabajo que existe son el atractivo principal para tener repleta nuestra entidad de hermanos migrantes de otros estados que, huyendo de la miseria y pobreza de sus orígenes, han encontrado la mayoría de las veces en el autoempleo informal (honesto y deshonesto) su modo de vida.

Y es que en las empresas de nuestra entidad siempre habrá cabida para la gente talentosa, trabajadora, respetuosa y honesta que obtendrá por su trabajo un salario digno y acorde a sus capacidades laborales, pero para las personas que no han sido dotadas con esos valores sociales y laborales formativos, siempre existen la calle y el crimen.

Por ello, no obstante que nuestra entidad tiene que soportar cabalmente a través de sus contribuciones con el peso de la  corrupción que ha dejado en la pobreza a otros estados y recibe con los brazos abiertos y ofreciendo oportunidades a todo aquel que es honesto y desea hacerse la vida en nuestra entidad, los problemas graves se han infiltrado en la inercia del fenómeno migratorio que ha llegado no sólo con el crimen, sino también en el problema social que se convierte el abasto de las satisfacciones en las mínimas necesidades que provoca el alto volumen migratorio de gente honesta.

Por tanto, aquel pacífico y laborioso entorno de nuestra entidad se ha visto trastocado y rebasado por este voraz desorden que, dicho sea de paso, nuestras autoridades actuales no han podido y quizás ni siquiera han intentado atender, mostrando, eso sí, una gran incompetencia no sólo en la problemática de este fenómeno, sino también en el ejercicio de sus deberes y obligaciones con el estado.

Y ante esto, es cierto que la ciudadanía de forma organizada poco o nada reclamamos a los políticos porque dedicamos nuestro tiempo en “corretear la chuleta” y ante la falta de tiempo, la escasez de “logros” de la administración actual nos hace percibir que cumplir cabalmente con nuestro voto en una elección, no sirve de nada si no dejamos a un lado esa “apatía cívica” que mostramos después de entregar la cuchara grande del poder a nuestros gobernantes.

Por ello es quizás que nuestra línea tres del metro sigue siendo una suntuosa y majestuosa obra en honor a la incapacidad de nuestro gobierno, como lo representan también cada bache, cada día contaminado, cada adjudicación oculta, cada asalto, cada homicidio, cada secuestro, cada robo que nos obsequian en nuestra entidad.

Por ello y por otras cosas más lo digo: Nuevo León, mi estado, es el que más ha sufrido, porque acostumbrado a salir adelante de la mano de sus gobiernos, hoy ese pujante y vigoroso estado se encuentra “atorado” ante la incompetencia gubernamental de quienes dirigen la entidad.

El gobierno en nuestra región requiere de hombres talentosos, con oficio, con sensibilidad, con compromiso, con valores, con inteligencia, con vocación de servicio, que conozcan, crean, sientan, sufran, vivan y luchen por el bienestar de nuestra comunidad. Así más o menos están las cosas en nuestro estado, señor presidente, así que no estaría de más que recete por ahí un buen estirón de orejas.

Por hoy es todo, amable lector. Medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy sea para usted un reparador domingo. Nos vemos en la Monumental Monterrey “Lorenzo Garza” porque hoy es ¡Tarde de toros! Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas, además de las importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en “Crack” nos tendrá el próximo viernes en “Por los senderos Taurinos” y aquí mismo dentro de ocho días.


Volver arriba