Conexión


El otro día se acercó un padre de familia buscando orientación, en su plática me comentaba que cada día se le dificultaba más y más acercarse a su hijo de 12 años, cada vez que lo intentaba por alguna razón se repelían como los imanes de la misma polaridad, no podían estar cerca uno del otro porque estallaba la guerra, situaciones tan cotidianas como sentarse a cenar o ver la televisión juntos era motivo para comenzar una discusión. Al preguntarle cuando había sido la última vez que habían tenido un "momento" padre – hijo me confirma con la mirada en el suelo que hacía muchos años, antes que la adolescencia se le "robara".

Este tipo de situaciones son cada día más y más frecuentes, padres desesperados por recuperar a sus hijos, cuando hay un mundo que se afana en arrebatártelos. Sin embargo muchas veces el enemigo está en casa aunque no lo crean, la falta de conexión que hay entre las familia es lo que poco a poco orilla a los hijos a buscar pertenecer a otro lugar.

Al momento de querer conectar es importante reconocer nuestro temperamento pero también respetar y aceptar el de nuestro hijo. Por ejemplo, si tú eres de un temperamento colérico, tus características de ser enérgico y práctico podrían no reaccionar del todo bien ante un temperamento flemático donde la tranquilidad y el idealismo son las características que sobresalen. 

Para conectar hay que identificar aquellas situaciones que nos alejan del objetivo, algunas son la práctica del día a día y claro que no es la intención, pero las consecuencias son muy diferentes a lo que queremos lograr.

1. Castigar (física o emocional) amenazar.

2. Gritar, suponer e invalidar sus emociones.

3. Rescatar / demostramos que no lo puede hacer.

4. Asumir y ridiculizar.

5. No confiar en sus capacidades.

6. Comparar juicios y etiquetas.

Si son tan malas, ¿porqué las usamos? Bueno, porque a través de nuestra vida las hemos aprendido, por que funcionan aunque sea por un tiempo corto, por miedo también puede ser la razón, por no querer perder el control o porque sencillamente ya no tenemos más estrategias.

Sin embargo las consecuencias que estas acciones nos traerán son realmente perjudiciales para la relación con nuestro hijo, por ejemplo:

Resentimiento: "Lo voy a hacer porque no me queda otra opción, pero a la primera oportunidad me libero de ti´´.

Revancha: "Lo haré para no tener el castigo, pero no  se va a quedar así..."

Rebeldía: "No haré lo que me pides... no creas"

Retraimiento: "A la próxima tendré mayor cuidado y no te darás cuenta... haré las cosas a mi manera".

Después de todo esto: ¿Qué hacer?

Pertenencia: Demuéstrale por que vale la pena pertenecer a tu equipo, que vea el valor que tiene llevar tus apellidos, la diferencia que hay el pertenecer a ustedes.

Respeto a él y a ti: Tómate el tiempo y actúa de manera efectiva y asertiva, respétate, acepta que no eres perfecto y no tienes control de todo, aléjate si es necesario, vuelve a conectar contigo para conectar con los demás

Comunicación: Las reglas se ponen en frío, no al calor del momento, y los problemas no se van a arreglar ignorándolos.

Juego: Cierren las pantallas, regresen a lo básico.

Aprecia lo común: Toma en cuenta y valora esos pequeños detalles que hacen única a tu familia, esa piedrita que te regaló tu hijo cuando chico, los trabajitos del kínder, vuelvan a los álbumes de fotos, recuerden que los hace especiales y agréguenle valor.

Mostrar el amor incondicional: Pase lo que pase, tú estarás ahí, para apoyarlo y acompañarlo. Recuerda, no para cargarlos, en el mejor de los momentos estarás ahí para festejar con él, pero también en los más oscuros lo sostendrás.


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