Confianza


En una relación de cualquier naturaleza, ya sea afectiva, mercantil, laboral, social, comercial y hasta política, la confianza es el elemento fundamental en el que se debe de sentar –como si fueran durmientes de ferrocarril– las vías que conducirán en un trayecto sano, cordial y quizá hasta duradero de tal relación, siempre y cuando esas vías estén previamente orientadas en esa dirección y debidamente cimentadas en la confianza mutua para el trazado de objetivos y la consecución de logros y satisfactores comunes.

Cuando esto no ocurre, la trágica magia de la decepción aparece en alguna de las partes como un dramático manto tenebroso y obscuro, lleno de interrogantes y asegunes que, como consecuencia natural en la búsqueda de una respuesta a tal falla, es inevitable que se apodere del pensamiento en compañía generalmente del sentimiento y la compasión a la contraparte, al anteponer el martirizante autoengaño a través del fenomenal asalto a la conciencia, con una aplastante y sencilla pregunta: ¿en qué fallé?

Así, pues, en medio de lo caótico que puede resultar generalmente este doloroso y decepcionante trance, es decir, cuando el interés por tal relación es más importante y trascendental que pasarse el fracaso resultante de un atronador rompimiento por “el arco del triunfo”, es cuando la tatema es taladrada por esas interrogantes que al final orientan su atinada respuesta a la ligereza en la toma de las decisiones o a la laxitud en la elección de quién se ha decidido por compartir tal relación.

Pero además de este atroz y directo reclamo en la conciencia de lo que podríamos describir como el fallo extremista atribuido generalmente no a la falta, sino al “exceso de confianza”, va contenida una cascada de lesiones emocionales adicionales que van cubiertas en el tiempo, espacio y momentos invertidos y compartidos que se convierten en nada, tan sólo en tiempo, objetivos y sueños perdidos de los que, por naturaleza propia del ser, son alojados en el archivo de la amargura para rumiar en el futuro, a la propia existencia.

De ahí el dicho “el que con leche se quema, hasta al jocoque le sopla”, y aquella confianza plena que una vez, por exceso de confianza –¡valga  la rebusnancia!– entregamos a quien no supo, no entendió o no comprendió la dimensión y seriedad de nuestro compromiso, ha quedado abatida, destrozada, destruida.

Difícilmente después de un amargo episodio de esta categoría se puede recuperar la confianza en la contraparte, imposible no lo es, cierto, pero sencillo tampoco, pues la confianza se edifica y se construye día a día con base en  los valores de respeto y principios de lealtad, de transparencia y verdad; y aunque por lógica emocionalmente tal relación queda fracturada, aunque estas roturas se solidifiquen, la cicatrices en la debilidad de las uniones las hacen susceptibles a volver a “tronar” al más mínimo esfuerzo ante la presencia de un elemento adverso.

Generalmente, y repitiendo lo dicho en el primer párrafo de mi artículo, estimado lector, cuando una relación de cualquier tipo se ve lastimada por un fallo de confianza, en la ausencia de su falta o en la presencia de su exceso, según sea el caso, y cuando ya no hay una solución viable para sostener en cordialidad la unión, en un marco de civilidad y de común acuerdo a las conveniencias propias de los participantes en tal relación, ésta se disuelve, salvo que se pretenda soportar por un interés ajeno a un sano final, de una relación tormentosa y fatal.

La confianza es un instrumento determinante para el buen flujo y sano tránsito de una relación –sea cual fuera ésta–, y cuando la confianza es traicionada por alguna de las partes, queda irremediablemente fracturada y aunque esta lesión se pueda recuperar, la fragilidad de la misma, si no es solidificada con harta transparencia y toneladas de voluntad para su corrección, harán que la relación continúe pero de forma débil, sensible y vulnerable.

Realmente es triste y decepcionante ver, palpar, sentir y vivir, que a casi cuatro años de haber depositado sus sueños de paz, seguridad, justicia y prosperidad que en tiempo de campaña alimentara el otrora “Héroe del Libro Vaquero”, hoy nuestra sociedad por entero, sustentando su rechazo a la actual administración en base no a los pobres, sino a sus nulos resultados, no pueda siquiera disolver su tormentosa y cada vez más agobiante relación política con quienes detentan el poder, pues claro está, que la confianza que el pueblo les había entregado, desde hace mucho tiempo, quedó brutalmente traicionada.

Por hoy es todo, amable lector. Medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy sea para usted un alegre sábado y mañana un reparador domingo. Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas además de las  importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en “Crack” nos tendrá el   próximo viernes en “Por los senderos Taurinos” y aquí mismo el próximo sábado.


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