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Asesoría Legal

Convivencia de menores con familia ampliada

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Es un derecho fundamental de los menores de edad el poder convivir con sus progenitores, de ahí que inclusive existan ocasiones en donde un menor, pese a haber sufrido algún tipo de agresión física, inclusive sexual por parte de sus padres, el juzgador decreta que debe establecerse un régimen de convivencia estableciendo todas las medidas para que se garantice la integridad física y psicológica del menor.

Es importante señalar al respecto que, el derecho a las visitas y convivencias de los padres con los hijos menores es un derecho fundamental de éstos que se encuentra contemplado en el artículo 9.3 de la Convención sobre los Derechos del Niño e implícitamente en el artículo 4.º constitucional, toda vez que está vinculado directamente con el interés superior del menor.

En este sentido, cuando haya separación del menor de alguno de los padres, como ocurre en los casos en los que sólo uno de ellos detenta su guarda y custodia, debe prevalecer el interés superior del niño, lo que significa que se tomen las medidas necesarias que le permitan un adecuado y sano desarrollo emocional, lo cual sólo puede lograrse si se mantienen los lazos afectivos con el padre no custodio.

Sin embargo, la gran interrogante surge cuando se habla de convivencia con los hermanos, abuelos, tíos o primos del menor. ¿Tienen derechos los menores de edad en convivir con ellos?, la respuesta es sí, para lo cual debe resaltarse que la Convención de Nueva York sobre los Derechos del Niño, la cual en su artículo 8 establece que “los Estados Partes se comprometen a respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas”.

Del dispositivo señalado se desprende que, es derecho de los menores tener una identidad, la cual contempla, entre otras cosas, el conservar sus relaciones familiares, como lo son con sus hermanos, abuelos, tíos o primos.

Por su lado, nuestra Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció que el derecho humano a la identidad está protegido por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y por otros instrumentos internacionales, que constituye un derecho por ser un elemento que le es inherente al ser humano y que puede comprender otros derechos, como el derecho al nombre, a la nacionalidad y a conocer su filiación y origen; sin embargo, el núcleo esencial no sólo lo constituye la posibilidad de solicitar y recibir esa información, sino en que a partir de esos derechos se pueden derivar otros distintos, como son los de alimentación, educación, salud y sano esparcimiento entre otros.

En ese sentido, el derecho a una identidad no sólo es saber el nombre, la nacionalidad y el conocimiento de la filiación del menor, sino además también el cuidar y garantizar sus relaciones familiares, a lo cual están obligadas todas las autoridades.

Por lo tanto, el derecho humano a las visitas y convivencias del cual son titulares los menores de edad, no se limita únicamente a las relaciones paterno filiales en primer grado, lo cual resulta evidente al observar el ambiente social en el cual se desenvuelven los menores de edad en nuestra sociedad, toda vez que la convivencia de los menores con sus abuelos, hermanos, tíos, primos, etc., fomenta en los menores un mejor esparcimiento en sus respectivos círculos sociales; además, promueve un desarrollo psicosocial íntegro acorde al modelo de familia y relaciones intrafamiliares a las cuales los mismos menores deben estar expuestos día con día.

Se ha definido este derecho de convivencia de los niños con sus hermanos, abuelos, tíos, primos, etc., como el derecho de los menores a una familia ampliada y los juzgadores están obligados a respetarlo en favor del interés superior del menor de edad.

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