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No es de Locos

Cuando el ego se desborda

No es de Locos

¡“Yo primero, después yo y al final yo”.

Como quien llega al parque y sin preguntar, sin más ni más, invade el lugar del juego de otros niños, como quien se cuela al final de la fila para tomar Gonzalitos una y otra vez, y como quien cree firmemente que es infinitamente mejor que los demás compitiendo a ver ‘quién puede más’.

El esquema de grandiosidad en inglés ‘entitlement’ propuesto por Jeffrey Young en su teoría de los esquemas, me hace pensar en todas aquellas veces en que se siente la zancada enorme de alguien que ha pasado por encima de uno mismo.

Los rasgos principales de este esquema van desde tener dificultades para aceptar un no por respuesta, creer que sus necesidades y sentimientos son más importantes que los de las otras personas, es un ‘yo primero, después yo y al final yo’, así como dominar y controlar las situaciones para obtener beneficios propios sin tomar en absoluta cuenta el costo que puede significar para los demás.

Tener una relación con una persona con esquema de grandiosidad se vuelve sumamente limitante puesto que continuamente el interés corre de un solo lado. Y es que no sienten que tienen que corresponder en las relaciones y tratan de manipular las situaciones para satisfacer sus necesidades mostrando una bajísima capacidad para la verdadera empatía.

¡Ojo! No hay que confundir este esquema con un trastorno de personalidad narcisista, ya que este último corresponde a un comportamiento de grandiosidad de manera en que se pueda sobre compensar los sentimientos subyacentes de profunda carencia emocional y deficiencia.

En contraste, las personas con ‘grandiosidad pura’ corresponden a dos orígenes primarios que te explico a continuación. Con frecuencia son adultos que crecieron siendo niños en ambientes sin ningún tipo de límite o regulación: corriendo, gritando, sin hacer quehaceres, cero responsabilidades en casa y sobrecompensados con todo lo que quisieran, en muchas ocasiones de manera inmediata.

El segundo origen, según J. Young, corresponde niños que crecieron en ambientes en los que los padres hacían absolutamente todo por ellos, sin permitirle al niño esforzarse o pensar. En ocasiones, son niños que eran sumamente deseados por embarazos complicados, descargando una atención y afecto desmesurado sobre el ‘niño especial’.

Lo profundamente difícil en este tipo de esquemas es que no existe un por qué cambiar, viven creyendo que alguien ‘les debe’ un trato especial y que tienen el derecho a depender del otro, aquí la pregunta es ¿para qué cambiar si todo me hacen y me resuelven?, ¡cuánta comodidad! Pero también cuánto vacío y sensación de no tener una profunda conexión con el otro que se da al dar y recibir, perder y ganar, regar y florecer.

Por eso #noesdelocos poner límites claros ante rasgos de superioridad, #noesdelocos pedir ayuda cuando tienes una relación que sólo se beneficia de un solo lado y #noesdelocos darle responsabilidades a tus hijos desde edades tempranas para que aprendan a compartir y convivir en este mundo con más empatía.

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