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Política e Historia

Daño profundo a escolares

Política e Historia

Daño profundo a escolares

La falta de clases presenciales deja un daño casi irreparable en los educandos, El Horizonte da cuenta en su edición del 29 de noviembre de 2021 que “Tras pandemia, niños de NL no saben leer”; una realidad que en la columna Política e Historia denunciamos. Desde julio de este año le dedicamos tres columnas tituladas “El regreso a clases”.

La investigación en la cual participan algunas ONG’s, los menores no saben leer, agrego, no saben descifrar, sumar, no tienen comprensión lectora ni matemática, han desperdiciado dos años de su vida.

El 20 de julio publicamos: “Decenas o cientos de miles de alumnos no han vivido clases con sus maestros durante la pandemia, en el mejor de los casos, se les envía tareas en un WhatsApp o un grupo de Facebook, pero de eso a clases, la distancia es mayúscula” (bit.ly/3o60dnD).

Hemos insistido sobre el daño por la indolencia en la autoridad escolar encabezada por María de los Ángeles Errisúriz Alarcón; principalmente en los alumnos de tercero de preescolar y los primeros tres grados de primaria.

En esos grados los alumnos aprenden a descifrar las letras, a estructurar sílabas, formar palabras y construir enunciados para luego formar párrafos y textos cortos.

Un alumno actual de tercer grado vivió medio ciclo escolar de primero y su segundo grado en pandemia, muchos de ellos no saben leer, se salvan aquellos quienes tienen en casa padres o tutores con capacidad para enseñarles (a como Dios les dé a entender) a leer y escribir.

Quien no lee no escribe y difícilmente llega al razonamiento lógico-matemático que requieren la suma y resta, así como la multiplicación y división que se ven desde segundo grado en delante. 

No podemos pensar en comprensión lectora cuando no conocen las letras y por consiguiente se les dificulta descifrar, estructurar y formar enunciados.

Un alumno de primer grado debe terminar el ciclo leyendo definido este proceso como descifrar y comprender lo leído, igual debe concluir escribiendo, entendido esto como la construcción de textos propios y el tomado de dictado, el cual permite confirmar la vinculación entre fonemas y grafías.

En Nuevo León, según el censo 2020 del INEGI, 829,111 menores de 6 a 14 años son quienes deben estar en algún grado de educación primaria o hasta segundo de secundaria. Entre ellos el rezago provocado por la pandemia es de mayores dimensiones porque su educación aún es basada en aprendizajes guiados, el 

autodidactismo es incipiente. De ellos, 63,377 no saben leer ni escribir; es decir, el 7.64%; este porcentaje crecerá por la falta de clases en pandemia.

El problema está ahí, tenemos generaciones perdidas por falta de educación presencial. Tampoco podemos responsabilizar a los docentes porque en alguna forma son víctimas con sus alumnos. Aprendieron a trabajar en la virtualidad, sin equipos adecuados, sin licencias para tener aulas virtuales, sin capacitación ni Internet apropiados. Siempre habrá el docente indolente, compromiso, quien tomó vacaciones largas en pandemia, pero seguro estoy, son los menos.

Dejemos el problema, vamos a la solución. Se requieren adecuaciones curriculares para abandonar el contenido programático establecido y trabajar en las aulas los contenidos mínimos necesarios para el aprendizaje.

Urgen acciones para la lectoescritura, operaciones básicas, dominio de tablas y otros contenidos esenciales. Acúsenme de conductista, pero es tiempo de emergencia educativa y se demandan acciones emergentes.

Urgen propuestas del técnico-pedagógico de la SEP.

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