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De maestros, profesores y docentes


La capacidad de aprender es una que cualquier ser humano debe tener lo suficiente para no sólo sobrevivir a su entorno, sino prosperar en él hasta su propia realización y trascendencia, pasando por la relación armónica y sustentable, así como creativa y productiva con los demás, semejantes y no, y con el propio entorno en donde la realidad se manifiesta casi como una arena en donde se desarrollan las acciones de un deporte.

En una idea de continuo, el aprender supone conocer de algo, que de por sí sucede al recorrer un ciclo –según Kolb– en el que se transita por la experiencia concreta, la conceptualización abstracta, la experimentación activa y la observación reflexiva hasta que se genera un aprendizaje que a su vez se almacena en la memoria y se queda como disponible para su uso de acuerdo a los retos que depara el entorno y la situación. La acumulación de conocimientos aprendidos se acrecienta al paso del tiempo y de la exposición a experiencias durante la vida. En un sentido académico, el cúmulo de conocimientos incrementa el saber a través de la enseñanza de las ciencias, de la filosofía, de las disciplinas documentadas, derivando en grados de sapiencia, de dominio de estas materias de estudio y hasta en algunos casos de sabiduría.

El aprendizaje es una cualidad humana que reside en cada uno de los sujetos que aprenden y depende de ellos y de su entorno, de sus actividades que fomentan el aprendizaje y lo ponen en funcionamiento. La enseñanza, por otro lado, tiene como fin el aprendizaje de los otros, en sentido amplio, aunque en realidad genera el aprendizaje de los involucrados en el proceso, incluyendo del primer responsable del proceso, de quien enseña algo que aprendió a los demás, del líder del proceso de enseñanza-aprendizaje, el maestro.

Le he llamado así, maestro, porque es un término con el que se identifica claramente al que enseña a sus alumnos, pero hay ligeras diferencias del origen de los conceptos maestro, profesor y docente que con un breve vistazo a su etimología podemos aclarar.

La palabra "docente", que es el concepto más general de los tres, proviene del verbo latino docěre ´enseñar´, que significaba, literalmente, ´hacer que alguien aprenda; es decir, enseñar´, derivada del verbo defectivo decet ´es conveniente/es apropiado´. El docente es el que enseña y hace a alguien "apropiado".

La palabra "profesor" es derivada del verbo profitēri, ´hablar delante de la gente´, compuesto por el preverbio pro, ´delante de´ y el verbo fatēri ´hablar´, lo que significa el que habla enfrente de los demás.

La palabra "maestro" en cambio, viene de la palabra latina magister, de su acusativo "Magistrum", lo cual quiere decir el "más mejor, el jefe". Lo que hace suponer que el mejor, el jefe, sabe más que los demás, en este caso, sabe más que sus alumnos. Así que el maestro, de acuerdo a lo anterior, es el mejor, porque sabe más que sus alumnos y es el mas adecuado para enseñarles.

En la actualidad se denomina al que enseña de las tres formas. En la universidad, cuando se comunican conmigo oficialmente me llaman docente, cuando alguien me encuentra en un pasillo maestro o profesor, sea un alumno o un colaborador de la institución. Lo que subyace es la función de guiar y facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje en las aulas.

Aunque en un sentido más amplio, quien tiene más sabiduría, quien ha acumulado más conocimientos y experiencias se convierte en alguien que enseña a los demás, no necesariamente en un ámbito académico, sino en uno cotidiano, de la vida, de un oficio, de una práctica, de una cultura, de cualquier cosa. El proceso es voluntario o involuntario e involucra el ejemplo, el modelar la vida propia y el actuar de alguien con respecto a algo, o a alguna actividad o función. En esta dimensión –así como en la académica– quien enseña también aprende siendo, enseñando a los demás, a ser persona, a ser padre o madre, a ser profesional, a ser miembro de una sociedad o de una cultura, a ser líder o a tantas otras realidades.

Hay mucho qué aprender y hay mucho qué enseñar. Quien aprende es joven o es viejo, y quien enseña, también. Enseñar supone compromiso, integridad, supone desprendimiento y deseo de causar un bien a los demás, supone salir del yo para ir al ustedes y luego al nosotros. Aprender también.

Hoy es un buen día para valorar esa función que reside en todos los componentes de la sociedad y que formalmente descansa en los hombros de una porción de la misma, función sin la que la propia existencia humana estaría condenada a la desaparición, porque una sociedad que no aprende no es capaz de subsistir, ni mucho menos de prosperar y progresar.

A mis profesores académicos y a mis maestros de vida un agradecimiento de corazón, a mis alumnos –a mi hija también–, porque sigo aprendiendo de ellos y me esfuerzo por ser mejor al ejercer esta vocación, lo que les convierte en mis maestros.

Armando Arias Hern ández es Licenciado en Ciencias de la Información y Comunicación, estudió una Maestr ía en Desarrollo Organizacional en la UDEM y se desempeña como conferencista y consultor de negocios PYME y profesor de asignatura en la UDEM. aarias@desarrollarte.com.mx / www.desarrollarte.com.mx / Twitter: @amicusarias

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