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Opinión

Despacito

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Despacito

"Vísteme despacio, que tengo prisa". Refrán popular cuya autoría se ha atribuido al rey Fernando VII, según el escritor español Benito Pérez Galdós, pero que otros autores atribuyen a Napoleón y a Carlos III, es una de las frases más representativas de la falta de planeación en los gobiernos.

En el origen de la expresión se dice que el sirviente o valet estaba de prisa e incurría en errores e imprecisiones debido a esa prisa. Es la mayor de las razones por las que algo se hace mal y que, de no encontrar la calma deriva en desorden, desesperación, o simplemente en tropiezos.

Las escuelas públicas en Nuevo León, y aplica para todo el país, cuentan con condiciones lamentables y señales de olvido que se convierten en una realidad a la que se enfrentan los niños todos los días, como si les hicieran falta más obstáculos en la vida.

¿Te acuerdas cuando fuiste a la escuela pública en primaria? Quizá en ese momento nos resultaba más o menos normal que el bebedero no funcionara o que la taza del baño estuviera tapada o que el patio estuviera lleno de basura o hierbas, pero en esa edad es poca la conciencia que podríamos tener respecto a las condiciones que debería haber o lo que es mejor para nosotros.

A simple vista, las escuelas públicas no son un lugar para inspirarse ni culturizar para cualquier ser humano. ¡Echa un vistazo a la que está cerca de tu casa! y, aunque no tengas hijos estudiando ahí, percibes lo deprimente que transmite.

Ahora bien, si pensamos por un momento que el futuro de México estará en manos de quienes ahí estudian, la cosa se pone más fea. Porque si esos niños se acostumbran a estar entre aparatos descompuestos, fachadas cayendo, pupitres inestables, pizarrones inservibles, ventanas rotas o bebederos sin agua y baños asquerosos, entonces su mentalidad se queda con una lección que le dice que eso es "normal" para su vida.

¿Qué es lo normal en una escuela? La normalidad no es el "deber ser" de un lugar inspirador para estudiar y aprender.

Lo que sí es normal, es que los maestros y padres de familia tengan que remendar lo que pueden para que sea un lugar decente, pero en sustitución de lo que el gobierno debería hacer con el dinero que por impuestos cobra a los contribuyentes. Es de felicitarse que se pongan las pilas, pero no es lo ideal.

Cuando la pandemia del Covid-19 asomaba el final del confinamiento, salió a la luz que las escuelas estaban en ruinas y deberían arreglarse para recibir a los estudiantes. Quizá recuerdes que se dijo que era una tarea imposible porque al gobierno no le alcanzaba el presupuesto de reparaciones. ¿Cómo reparar todas las escuelas? decían.

La falsa pregunta para inducir una respuesta fue hecha en la administración de Jaime Rodríguez. Son 6,000 escuelas, en números redondos, por lo que no se puede. Pero es falsa pregunta, porque en realidad el proceso de reparaciones no lleva ni orden, ni avance.

La excusa es que resulta muy caro. ¿Pero qué hacer entonces para repararlas? La respuesta es comenzar y no detenerse. Así, despacito porque llevamos prisa.

La noticia de moda es la excusa de moda. Si una escuela se repara y se le da mantenimiento a sus instalaciones y equipos, es una menos que estará en condiciones deplorables. Si se les ayuda a los maestros con el material didáctico para que no tengan que usar parte de su sueldo en ello, hará que trabajen más a gusto y rindan mejor. Se armoniza el espacio.

Una por una, las escuelas pueden y deben ser espacio creativo y digno del futuro que representa nuestra niñez. Sólo basta con no suspender la tarea, medir los resultados todos los días y hacerlo en colaboración y consejo de los maestros y padres de familia de cada lugar. Que no se inventen necesidades que no hay y sale más barato.

La cultura en los gobiernos latinoamericanos es una mentirosa prioridad. En las noticias se habla siempre de ello, elogiando su importancia, pero minimizando en el presupuesto cada centavo que se le asigna.

Ya sé, me vas a decir que hay mucho más que atender, como el agua, las carreteras, los hospitales, y sí, lo que me digas tienes razón. Pero esa es la tarea del gobierno, planear para ejecutar y alcanzar resultados medibles y tangibles en todas las áreas, porque en todas las dependencias cobran su sueldo y les toca desquitarlo. Se puede y se debe.

Incentivos hay, pero castigos para los que son responsables y no cumplen su cometido, eso no hay.

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