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Opinión

Después de la tormenta... los baches

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Después de la tormenta... los baches

Dice un conocido refrán que después de la tormenta viene la calma. En el caso de Monterrey y los municipios metropolitanos, lo que viene después no es la calma sino los baches. Desde hace mucho tiempo, a la capital regia se le conoce como "bachelandia", mote ganado a pulso debido al estado deplorable de la carpeta de sus vialidades; veamos a continuación.

A la larga lista que agobia a los ciudadanos como es la inseguridad, la crisis del transporte, el desabasto de agua potable y la falta de drenaje pluvial, todavía hay que agregar los baches. Su aparición constante y generalizada es un indicador de la falta de voluntad y compromiso de las autoridades municipales. Son la mancha negra de la movilidad y la infraestructura urbana del área metropolitana. Son una de las principales causas que afectan el tráfico y la calidad de vida de los ciudadanos. En una capital como la nuestra, no debería de existir este grave problema, que pone en evidencia la irresponsabilidad e incompetencia de los políticos que nos gobiernan.

La desatención o solución a medias con que han actuado las autoridades municipales forma parte de la "cultura" política de muchos gobernantes. Para nadie es desconocida la frase "en el bacheo está el ganeo", esto es, convertir en negocio redondo el mantenimiento de las carpetas asfálticas, utilizando materiales de baja calidad y revistiendo sólo por encima, para que exista la necesidad del constante recarpeteo que seguramente realizarán empresas privadas, amigas de los alcaldes en turno.

No hace mucho, el municipio de Monterrey contaba con equipo propio para el recarpeteo, lo que ahorraba recursos al evitarse la contratación de empresas externas. Debo destacar que cuando fui alcalde de Monterrey –2006-2009– repavimentamos 6 millones de metros cuadrados, existiendo colonias en las que no se había recarpeteado desde hacía décadas. Lamentablemente, en la administración siguiente desapareció el equipo de recarpeteo y el servicio se concesionó a particulares, como sucede hoy en día en la mayoría de los municipios metropolitanos.

En lugar de disminuir, cada año se incrementa el número de automovilistas que sufren accidentes y daños severos en sus vehículos. Caer en un bache no sólo afecta a las unidades y al patrimonio de las personas, sino que se pone en riesgo su vida e integridad, además de que los conductores quedan en la incertidumbre al no saber si el municipio se hará cargo de los daños.

Un gobierno humanista actuaría de manera tajante, destinando recursos suficientes para tender capas asfálticas de calidad, con materiales e insumos duraderos y no tan sólo simples "parches" que duran lo mismo que las promesas de los gobernantes: nada. Pero estos políticos que se la pasan a diario en las redes sociales, inventando historias o exhibiendo sus habilidades para bailar chuntaro, no se dan cuenta de los baches, sobre todo porque las avenidas por las que a diario transitan tienen pavimento de primer mundo y sus vehículos son todo terreno.

En conclusión, exigimos que las autoridades municipales atiendan urgentemente el problema crónico y vergonzante de los baches, y se enfoquen en asegurar la integridad de lo más importante: la gente.

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