Dios no es novedad


Dios nos dice este domingo: "Vean, voy a hacer algo nuevo", recoge el libro de Isaías esta hermosa frase salida del corazón de Dios. Tenemos que estar siempre en expectativa, más cuando se trata de Dios: todo es nuevo, todo se renueva. Nos recuerda Isaías esta novedad, renovación, este nuevo éxodo y la nueva liberación. La mujer pecadora del evangelio, descubre la bondad de Dios en la actitud de Jesús, una novedad nunca vista, novedad que la libera y transforma. Pablo descubriendo la riqueza del mensaje cristiano, después de su conversión, escribe a los Filipenses sobre la novedad del misterio de Jesús, y por eso todo lo tiene por basura con tal de ganar a Jesús y vivir unido a Él.

1. La novedad de Dios. Algo nuevo puede hacerlo quien tiene en sí la fuente de la novedad. En la historia de Israel la novedad divina no se agota en el gran acontecimiento del Éxodo. Siete siglos después del Éxodo egipcio Dios mueve los hilos de la historia para crear una nueva situación y hacer volver a Jerusalén a los desterrados en Babilonia, como leemos en Isaías. Para la mujer sorprendida en adulterio y condenada a la lapidación, debió ser una gozosa novedad la actitud de Jesús para con ella: "¿Nadie te ha condenado?... Tampoco yo te condeno". No menos novedosa debió de ser para los acusadores de la adúltera el comportamiento de Jesús: "Quien de ustedes esté sin pecado, que tire la primera piedra... Al oír esto se marcharon uno tras otro, comenzando por los más viejos...". Pablo, que experimentó hasta el fondo la bondad de Dios, la resume así: conocer a Jesús, experimentar el poder de su resurrección, compartir sus padecimientos y morir su muerte, alcanzar así la resurrección de entre

los muertos. Se puede decir que la historia de la salvación se resume en la historia de las nuevas intervenciones de Dios en vistas siempre de la salvación de los hombres.

2. La novedad de Dios no parte de cero. Ninguna novedad religiosa, política, social o económica parte de cero. Lo nuevo hunde sus raíces en lo antiguo, sin destruirlo, pero asumiéndolo en modo creativo. Una novedad sin raíces se seca y desaparece en poco tiempo. Lo nuevo para que sea fecundo tiene su paternidad en la historia. Dios no actúa desde cero. Si así fuera no podríamos hablar de una historia de la salvación, sino de acciones puntuales de Dios, desligadas unas de otras. Por eso Isaías ve en la nueva intervención de Dios en favor de los desterrados de Israel en Babilonia no una novedad absoluta, sino un nuevo éxodo, estableciendo así una pasarela entre el pasado y el presente. Jesús con su comportamiento no liquida sin más la ley mosaica, sino que se sitúa por encima de ella y la interpreta en su verdadero sentido: "Vete y no vuelvas a pecar". El hombre de Dios, el cristiano, es aquél que sabe leer la historia y la vida de los hombres en una continuidad constante, sin rupturas, aunque no sin sorpresas.

3. Acercarnos sin miedo a la novedad de Dios. El cristianismo desde sus mismos orígenes ha experimentado una sana tensión entre el pasado y el futuro, entre lo nuevo y lo viejo, entre la tradición y el progreso. No tengamos miedo en modo alguno a la tradición, pero tampoco al progreso, a la novedad que Dios va creando en cada período de la historia. La novedad, si es de Dios, trae consigo siempre una superación de lo ya existente. La tradición, si es auténtica, da peso y solidez a las nuevas aportaciones. El cristiano es "como un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas" nos dice el evangelio.

4. La novedad siempre nueva. Las novedades humanas, como todas las cosas de este mundo, tienen su ciclo vital desde el nacimiento a la muerte. Son novedad, y dejarán de serlo. La moda es como el escaparate en que se presenta la fugacidad de las novedades humanas. Pero hay una persona, Jesús, que lleva la novedad dentro de sí, que es novedad siempre presente sin desaparecer en el pasado y sin perderse en el futuro: Jesús, la novedad absoluta, "ayer, hoy y siempre". Vive, eternamente joven, con la vida de quien definitivamente ha derrotado a la muerte. Vive, infundiendo una pujante fuerza de novedad, en quienes le abren su corazón y asimilan su estilo de vida. ¿Por qué en ocasiones los cristianos somos o nos creemos viejos? Sé siempre nuevo, siguiendo los pasos del Hombre Nuevo: Jesús de Nazaret.


Sigue leyendo...
Volver arriba