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Latitud

Diputados que no se venden, pero sí se alquilan

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Diputados que no se venden, pero sí se alquilan

Con dudosa persuasión dialéctica, un diputado local del PAN entrega a otro excompañero de bancada una bolsa con huevos. Lo hace en plena sesión del Congreso del estado, al arranque de la sesión parlamentaria.

Es la forma como le dijo  "cobarde" a su nuevo enemigo, defecto que para este legislador tan macho, tan bragado, tan entrón (supongamos sin conceder), significa carecer de testículos.

No sorprende a estas alturas que muchos políticos norteños todavía no puedan librarse de ese comportamiento machista, sexista, retrógrada, que tanto daño ha provocado a la sociedad nuevoleonesa.

Ufano, el diputado de los huevos regresa a su curul, como parroquiano de cantina: blandiendo los brazos, el mentón erguido, tras soltar la frase célebre que debería montarse en letras de oro en el museo del antifeminismo más ramplón: "aquí te traigo lo que te falta".

La bolsa de huevos no llegó sola al Congreso. Se añade a una foto ya célebre de la bancada opositora donde cada miembro porta una camiseta con la leyenda impresa: "Yo no me vendo". Imagino que al reverso de la prenda añadieron otra frase: "pero sí me alquilo".

¿Los diputados locales se alquilan? Las malas lenguas dicen que sí. Yo no lo sé de cierto, lo supongo.

Carlos Castillo Peraza, panista de verdad, no remedo, me dijo alguna vez muy en confianza: "la democracia real más que un peligro hay que verla como una oportunidad".

Los panistas de Nuevo León pretenden corregirle la plana a Carlos reformulando su frase: "más que un peligro, la oportunidad de alquilarse es la única democracia real".

Lástima. Ya no hay de otra.

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