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Cabrito Mayor

Don Rafa Báez

Cabrito Mayor

Don Rafa Báez

Don Rafael Báez Patiño ha fallecido el pasado viernes y con su vida ha bordado la gran faena de un buen hombre que creyó fielmente en sus propias capacidades, y mi artículo de hoy va dedicado en su memoria porque siendo un torero, al final de cuentas en la vida, se quiera o no, todo se torea.

La importancia de don Rafael Báez ha sido quizás poco reconocida. Su carrera como apoderado no se ilumina ni exige los reflectores que apuntan hacia el redondel donde se la juegan los toreros. Su labor ha sido tapada y discreta, pero fundamental para la construcción de una gran historia de superación en la vida.

En este complicadísimo mundo, donde pocos son los elegidos, se encontraron en algún punto del calendario un hombre y un chiquillo que fueron capaces de escribir juntos, desde el principio y hasta el último día de sus trayectorias profesionales, una gloriosa historia.

Eloy Cavazos y don Rafa Báez son de esos pocos casos que caminaron la vida juntos enfrentando sus vicisitudes siempre, a pesar de los embates que recibieron a lo largo de la relación profesional donde, prevaleció el respeto mutuo hasta el final.

La lealtad, la confianza, la honestidad, la tolerancia, el respeto y el cariño sincero, virtudes que lamentablemente hoy están en desuso, fueron los valores claves en la que se cimentó esa relación, misma que en los múltiples cruces de caminos de la sinuosa pero siempre ascendente carrera de ambos, permitieron dar un paso adelante a las adversidades para salir victoriosos al compromiso de convertirse en lo que fueron: Dos grandes y monumentales seres humanos.

Los dos crecieron juntos, cada uno en su papel, hablando el mismo lenguaje, conscientes de las exigencias propias que demanda la profesión, ambos dieron todo de sí en el papel que a cada uno le correspondía. Uno, dando la vida en el ruedo, el otro también, dando la vida completa por su torero, sin reserva, sin medida, toda su vida invertida en convertir de un chiquillo con muchas necesidades pero con hartas ambiciones, en una monumental figura del toreo mundial.

Rafael Báez Patiño, siempre detrás, pero con una sagacidad y una inteligencia tal que le dieron para elevar a la estatura mundial a su pequeño discípulo. Fue la dramática historia de pobreza y miseria tejida muchos años antes de que el propio Cavazos naciera la que influyó en el ánimo de Báez, para no soltar al soñador chavalillo guadalupense que apenas despertaba a la vida para llevarlo hasta convertirlo en lo que fue.

Cruentas batallas hubo de enfrentar no sólo en la formación profesional dentro y fuera del ruedo, sino en los cambios propios de la edad por derecho natural de su torero. Eloy comenzó con don Rafa siendo apenas un niño y al retiro profesional el maestro Cavazos ya había conquistado el título de abuelo.

Fue un complemento perfecto, un equipo, un grupo dedicado decididamente a triunfar en la vida. El maestro era quien se llevaba los aplausos, los reflectores, los triunfos pero también, las cornadas, el dolor y el sufrimiento. Y detrás de él, tomando su porción de aprendizaje, siempre fiel, don Rafa. Carteles, toros, fechas, alternantes, todo lo que el estatus de figura ganado a sangre y fuego, le permitía, lo hacía. Y eso, para los que no llegaron a ese sitio cumbre, fue lo criticable. 

Pero más allá de lo profesional, Rafael Báez fue un ser humano extraordinario, agradecido con Dios, con la fiesta de toros, agradecido con la vida, agradecido con nuestro país, su país, agradecido con su compadre, con su amigo, con su torero. 

Don Rafael Báez Patiño, un hombre, un torero, un apoderado, pero sobre todo, un gran ser humano de esos que ahora mismo nuestro país necesita, de esos realmente comprometidos con la vida, de esos que actúan con verdad, con devoción, con pasión y fe en sí mismos, para conquistar en la vida con positivismo y con alegría, todo lo que se quiere para vivirla a plenitud hasta el final.

QEPD don Rafael Báez Patiño. 

Por hoy es todo, medite y reflexione lo que le platico, esperando que el de hoy sea un gran día, por favor cuídese y ame a los suyos; me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser  felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes, Dios mediante.

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