Opinión

Luis Sampayo|Don Toño

Opinión

Don Toño

De espíritu férreo que, como los toros bravos, “se ha crecido al castigo” de la adversidad y guiado por los valores de superación contenidos en la tauromaquia, don Antonio Quiroga Escamilla el pasado viernes ha enfrentado “al duro toro” del destino y una vez más ha librado con éxito la hasta ahora más difícil faena de su vida: una necesaria y a la vez complicada operación en su corazón que, obvio decir, le ha puesto en la indeseable antesala.

Forjado asimismo en medio de la adversidad de las duras batallas de la vida, el nacido en Ciénega de Flores, ha construído una ejemplar y motivadora historia de vida que bien serviría para darle contenido a un libro o un documental que daría cuenta como mensaje principal, de la fundamental e inspiradora premisa de vida de que cualquier cosa que se desee con el corazón y con harta intensidad, se puede lograr.

Curtido a golpes de esos duros que da la vida, don Antonio Quiroga Escamilla es dueño de una fuerte y en ocasiones explosiva personalidad que ataviada del recio carácter, el valor, la fortaleza y la determinación con la que se acompaña, lo han moldeado para convertirse en un auténtico hombre de bien. 

Bravo, duro y entrón pero consiente que, mostrando su inteligencia en base al arduo esfuerzo honesto y perenne trabajo, ha logrado convertirse en un exitoso y prestigiado hombre de negocios, un ser grande entre los grandes, que ha dejado en claro a cada paso que da y en cualquier terreno que pisa, quién es quién a la hora de la sensatez, la justicia y la verdad en la emisión de sus juicios de la mano con la honestidad.

Sin duda un ser predestinado, don Antonio desde pequeño se negó a lo que la vida le ofreció como destino y se trazó convertirse en alguien importante en la vida y desde lo más profundo de su corazón brotaron los sentimientos vestidos de anhelos y también de ilusión y esperanza para superarse como lo ha hecho por toda una vida, a través del fecundo y gratificante trabajo.

Además de su pasión por el trabajo, su otra pasión, después de su familia, se ubica en la fiesta de los toros, una pasión de “puerta grande” pues habiendo vivido las páginas más importantes de la historia del toreo del país, hoy lo distinguen como un gran conocedor, aficionado ejemplar, ícono imborrable de pasión, clase y categoría norestense que le ha obsequiado su personalidad e imagen a la fiesta brava con su presencia en los tendidos de las diferentes plazas de toros en el mundo.

Su inmensa estatura como aficionado y la gran capacidad de sus conocimientos taurinos, lo han llevado a vivir y disfrutar esta grandiosa pasión por la fiesta de los toros no sólo desde el tendido, pues su larga trayectoria como aficionado le han dado la solvencia desde el biombo de la autoridad, para actuar en calidad de juez de Plaza tanto en Monterrey como en Cadereyta, donde don Antonio ha mostrado su férreo carácter pero también su sabiduría y equilibrio en sus juicios en torno al tema taurino.

Como juez de Plaza, don Antonio se ha ganado el respeto y la admiración de muchos toreros, ganaderos, empresarios y del propio público, aunque en tardes complicadas ha tenido que lidiar con la molestia y las injusticias de los actores de la fiesta que tratando de imponer sus personales intereses, se han topado ante las fuertes y en ocasiones, incomprendidas decisiones tomadas como juez en la plaza.

Además, atento a los temas de interés general de la sociedad, don Antonio siempre se ha mantenido al pendiente del acontecer político, pues a pesar de manifestarse como un ciudadano más, preocupado por los temas comunes, su restaurante Antonio I y su salón Puerta Grande son visitados de forma recurrente por políticos y funcionarios de cualquier color e ideología a los que con gran camaradería y hospitalidad atiende en su papel de anfitrión con los platillos mexicanos que ahí se preparan.

Con casi ocho décadas de sinuoso andar, para el incansable empresario restaurantero, taurino y amante de las bellas artes, que se ha desempeñado también como promotor y productor teatral y de espectáculos en una parte importante de su vida, ha sido una constante enfrentar al “chungo” toro de la adversidad que se le ha presentado de diversas formas y que le ha matizado de distintos colores la vida y del cual, una vez más el pasado viernes, le ha bordado un “faenón” para salir adelante como ha sido su estilo, con gran talante y categoría.

En medio de la incertidumbre y a menos de 12 horas de la intervención quirúrgica, él me ha dicho en su oficina (pues estaba trabajando): “No hay vuelta atrás, estoy consciente de que esta es mi última oportunidad de vida, pero no tengo miedo porque en las manos de los médicos estará la mano de Dios y será él quien decidirá qué pasara conmigo”… Y lo dicho, con la gracia de Dios y la sabiduría de los médicos que le operaron, ha librado al duro toro del destino y por ello, estimado lector, desde aquí va nuestro reconocimiento y admiración a la figura de don Antonio Quiroga Escamilla, ejemplar hombre de bien que una vez más con su vida nos ha dado muestras del valor, el carácter, el amor y la pasión de vivir con el que se curten los hombres bien nacidos de nuestra sociedad norestense. ¡Enhorabuena don Toño!

Por hoy es todo, medite lo que le platico, esperando que el de hoy sea un hermoso día, por favor cuídese, ame a los suyos y cuide a su familia, me despido honrando la memoria de mi hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes.


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