Ecos de Semana Mayor


Cada primavera tiene su Semana Mayor, Semana Grande o Semana Santa. Cualquiera de estos nombres vale para referirse a ese lapso en el que la iglesia cristiana conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Para poner fechas exactas, es la luna la que manda. El primer domingo, después de la primera luna llena de primavera, se fija como el Domingo de Resurrección, y de ahí empieza la cuenta hacia atrás. Así se decretó desde el Concilio de Nicea en el año 325 d.C.

Cuaresma viene del latín quadragesima, que es cuarenta... y esos fueron los días que Jesús hizo penitencia en el desierto. "No sólo de pan vive el hombre", así contestó el Mesías a Satanás cuando éste lo retó a que convirtiera en pan las piedras y que así saciara el hambre que ya lo atormentaba. Hoy esta frase la usamos cristianos y no cristianos para dar relevancia a aquello que alimenta el espíritu.

"Andar de Herodes a Pilatos", decimos cuando el vértigo de la vida nos trae del tingo al tango. La frase hace alusión a la negativa del prefecto romano Poncio Pilatos de juzgar a Jesús y, para evitarse problemas, lo envió con el rey judío Herodes Agripa (nieto del Herodes infanticida), pero éste tampoco quiso complicarse la vida y lo regresó a Pilatos. De ese ir y venir de Jesús, de Herodes a Pilato, quedó la frase aludida. Luego Pilatos diría "Yo me lavo las manos", cuando accedió a que Cristo muriera crucificado. Hoy, así decimos cuando cerramos los ojos ante una injusticia de otros.

De la cruz hemos sacado diversas metáforas: "Hacemos la cruz" cuando en un negocio hacemos la primera venta, por la costumbre de persignarse para agradecer y pedir a la divinidad la buena fortuna en la empresa. "Ponemos las cruces" a personas o circunstancias nocivas, como si fueran demonios a quienes pretendemos exorcizar. "Es la cruz que me tocó cargar", decimos para referirnos a aquello que nos hace sufrir a largo plazo: una enfermedad, un hijo descarriado o cualquier lazo que nos oprime y no podemos romper.

"Andar por la calle de la amargura", frase que también denota gran sufrimiento. Viene del nombre que, en diversos pueblos españoles, se le daba a la calle en la que cada Semana Mayor se escenificaba el Viacrucis. Ahí la gente evocaba el sufrimiento de Jesús, que sangrante y maltrecho, caminaba rumbo al calvario al encuentro con su amargo destino.

Con cierta irreverencia, decimos que hacer un trámite ante burócratas desconsiderados, es un verdadero Viacrucis o si no, que es un calvario. Viacrucis es voz latina que significa "camino a ser crucificado", mientras que Calvario, que significa calavera, era el nombre del monte en el que se llevó a cabo la crucifixión.

Entre los personajes que acompañaron a Cristo en este doloroso trance, destaca la Magdalena, mujer que, según algunas interpretaciones, fue la adúltera salvada por Jesús de ser lapidada. El caso es que, de su imaginado llanto por tan penoso suceso, ha quedado la frase "Llorar como una Magdalena", para referirse a personas que, por alguna circunstancia, lloran y lloran con intensidad.

"Hasta no ver, no creer", la frase predilecta de los escépticos de hoy. Se infiere de la incredulidad del apóstol Tomás, que ante la esperada resurrección de Jesús, dijo: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré".  

Muchos son los ecos de la Semana Mayor, que el paso de los siglos no ha podido apagar. Siguen resonando fuerte en el lenguaje de todos los días... ya liberados de la luna y de la primavera.


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