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Siete Puntos

Educar más allá de la 4T...

Siete Puntos

Educar más allá de la 4T...

1. ... y de las épocas neoliberales, es el reto en México. Ahora que ha reiniciado el curso escolar, y que hay pruebas piloto para el nuevo programa de educación básica en nuestro país, los opositores al régimen actual sostienen que nos encaminamos a un proyecto educativo tendiente a imponer la ideología de AMLO. Un defensor de éste aclara que sólo con el paso de los años se notará el tránsito de un esquema individualista a uno comunitario. Pide mi opinión, en base a mis 45 años de impartir clase en aulas presenciales y virtuales. Va. 

2. En primer lugar, conviene ponernos de acuerdo sobre la misma definición de educación, y podemos acudir al significado de la palabra. Educación viene del latín educere, que lo mismo puede significar conducir que sacar-de. Si apostamos por la primera acepción, guiar, entenderemos que educar es dirigir, meter informaciones en las cabezas de los estudiantes, enseñarles materias y disciplinas académicas, examinarlos en base a su retención de memoria, creer que concluir sus estudios será el mejor de los éxitos.

3. Si, por el contrario, entendemos educación como un sacar-del alumno toda la información que trae, ayudarle a explotar sus potencialidades muchas veces dormidas, nos posicionamos frente al fenómeno educativo de manera diferente. En la primera definición, por ejemplo, se considera al profesor como sujeto, y al alumno como objeto. Aquél es activo, dinámico, toma la iniciativa, tiene el control. El alumno, en cambio, es pasivo, estático, sólo al pendiente de las órdenes del profesor, y cuya actividad sólo consiste en repetir, memorizar.

4. En la segunda interpretación estamos ante una relación sujeto-sujeto, ya no más sujeto-objeto. Ahora, ambos, profesor y alumno, son los protagonistas del proceso educativo. Los dos actúan conforme, es cierto, a sus propias especificidades. También lo es que deben tener una plataforma común de diálogo y que, muchas veces, es el profesor el que la implementa –por tener más experiencia o competencias–, pero no se busca que el alumno sólo escuche asintiendo, sino que exprese sus propias opiniones y aporte sus puntos de vista.

5. De este segundo acercamiento a lo que entiendo por educación se derivan 10 implicaciones que, en mi opinión, podrían servir para una verdadera reforma educativa. Van: a) considerar al aula como espacio amoroso de diálogo, y no como un sitio de aburrimiento; b) fomentar los trabajos en equipo, para abatir el individualismo; c) impulsar la construcción social de la verdad, para impactar en ella; d) desarrollar el sentido crítico, que es la más diáfana versión de la inteligencia; e) enfatizar la creatividad, la innovación, la transformación.

6. También: f) hacer de la calidad un ideal permanente, buscando la excelencia académica y personal; g) propiciar la nutrición afectiva, alimentando no sólo la mente sino también el corazón; h) apostar por la personalización, y no sólo por la individualización; i) elaborar una nueva agenda temática, con temas verdaderamente interesantes, y que vaya más allá de los acartonados programas oficiales, y j) asumir el diálogo como norma de vida, aprendiendo que primero debemos escuchar y luego hablar. Aquí están, entonces, mis 10 propuestas.

7. Cierre icónico. ¡Ya llegó! Mi más reciente obra: ¿Tiene futuro la Iglesia Católica? Su actuación ante la situación actual, publicada por la Editorial PPC de Madrid, España, está disponible en la Curia de la Arquidiócesis. En ella sostengo la necesidad que tiene la Iglesia católica de regresar a sus orígenes –Jesús de Nazaret– si quiere tener futuro. Pero también ha de evitar el retorno a actividades, prácticas, doctrinas, actitudes, esquemas, estructuras e instituciones que precisamente han afectado a su presente y ponen en riesgo su futuro.

papacomeister@gmail.com

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